05 abril 2008

Humor y lenguaje familiar en la poesía de Vallejo*

Por Jorge Diaz Herrera,

En una visita a la casa de César Vallejo, hace muchos años, en Santiago de Chuco, conocí a la hermana del poeta, Natividad. Delgada, altiva, de ceño fruncido, toda vestida de negro. Me abrió la puerta y yo tuve la sensación de estar frente a la imagen del poeta. Tal era la semejanza física con el hermano. Semejanza que se enriquecería con sorprendentes afinidades.

Luego de invitarme a pasar con un ademán cortés, Natividad paseó con desdén e ironía la mirada por las paredes y el cielo raso de la sala:

—Así que viene usted a ver la casa del poeta. Sí. Claro. Ahora lo ven. Pero también sería bueno que vieran a la sobrina del poeta, a ésta. —Me señaló a una jovencita de expresión tímida, y prosiguió: —Ésta es la sobrina de César Vallejo.

Luego refirió que «ayer nomás» le habían negado el ingreso a la normal de Santiago de Chuco para darle la vacante a la hija de un condorazo.

—Sí, señor... a la hija de un condorazo. —Tenía el tono de su voz el acento propio de las quejas insondables, hirientes, coléricas, propio de las apelaciones populares.

Seguí tras ella por el interior de la casa:

—Así es la vida —le dije con el propósito e aliviar su indignación.

—Claro, Dios lo quiso así —replicó sarcástica, encogiéndose de hombros.

Al escucharla referirse a Dios de esa manera, gesto irónico de quien simula confortarse a sí misma, y por esas asociaciones espontáneas que las expresiones propias de una naturaleza común traen a la mente, se me vino el recuerdo de esa anécdota castellana del siglo XVI con la que, según Alfonso Reyes, oyó a Salvador de Madariaga ejemplificar el humorismo vasco: «Un hombre cae por una ladera. Se salva agarrándose de un tronco. ¡Gracias a Dios!, le grita su compañero. Y él le contesta: Gracias a palo, que la voluntad de Dios bien claro estaba» Anécdota que a su vez avivó en mí aquel cuarteto popular castellano:

Vinieron los sarracenos

Y nos molieron a palos.

Que Dios ayuda a los malos

Cuando son más que los buenos.

Al pasar por el zaguán, vi el cordel de la ropa secándose al sol, sobresalían unas sábanas blancas.

—Ha tenido usted dura faena —agregué.

—Ahí están pues las blancuras al sol —me respondió. Al concluir Natividad aquella frase (Ahí están pues las blancuras al sol), surgieron en mí innumerables asociaciones entre el lenguaje familiar y el lenguaje poético de Vallejo. Enumeraré algunas:

Alfonso estás mirándome, lo veo

(Sí, pues. Ahora vienen a verlo. Ahora lo ven). De la elegía a Alfonso de Silva.

¿Cóndores? Me friegan los cóndores»

(Sí, señor, para darle la vacante a la hija de un condorazo.) De «Telúrica y magnética».

Qué estará haciendo esta hora

mi andina y dulce Rita de junco y capulí.

[…]

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita

planchaban en las tardes blancuras por venir

(Ahí están pues las blancuras al sol). De «Idilio muerto».

Tales asociaciones y algunas más, que referiré después, motivaron en mí la sensación de percibir que la hermana de Vallejo hablaba con el acento propio de los versos de Vallejo. Que la gran poesía de Vallejo no había abandonado su lenguaje familiar sino que lo había transfigurado a la más alta categoría estética. Que una de las columnas más sólidas que sostienen el valor de su poesía era el haber universalizado su habla ancestral, su entorno expresivo más íntimo. La nutriente materna, las palabras del hogar permanecían engrandecidas en los versos del poeta.

«...He cambiado seguramente, pero soy quizá el mismo», escribe Vallejo en una carta dirigida a Juan Larrea el 29 de enero de 1932.

Si es verdad que el valor denotativo de una lengua se sostiene en las premisas generales gracias a las cuales quienes la hablan se entienden, es verdad también que los usos familiares, regionales...que si bien hacen ganar a las palabras en contenido, las limitan en continente. Ejemplo ilustrativo: la palabra «cóndores». Natividad me informó, sin proponérselo, el significado familiar de dicho término (personajes influyentes, poderosos del pueblo). Así «cóndores», en el verso de Vallejo, adquiere una connotación que enriquece la comprensión del poema.

Resulta pues un elemento necesario que nos permite, si no la mayor valoración, por lo menos la mejor comprensión del poema, el conocimiento de la atmósfera sicológica, social, cotidiana del poeta. De lo que aconteció en su vida de puertas para adentro. De su lógica personal.

Ilustraré tal afirmación con el siguiente referente anecdótico: Ya ganada un tanto la confianza de Natividad, le pregunté, entre otras cosas, qué es lo que ella habría querido decir, si ella hubiera sido el poeta, con el verso «Confianza en el anteojo no en el ojo». Natividad me respondió con soltura que qué confianza podría tener ella en sus ojos, si era miope. La respuesta, por su sincera simplicidad, me hizo reír, y Natividad compartió la risa; más aún cuando le conté que la interpretación de ese verso había dado origen a las más variadas y contrapuestas versiones, pero muy alejadas de la que yo acababa de escuchar.

Alrededor del año 1957 conocí personalmente a Antenor Orrego, y fue de él que obtuve las primeras y quizá más trascendentes versiones sobre el hombre y el poeta. Antenor Orrego había compartido una estrecha amistad con el César Vallejo y había incluso escrito el prólogo de Trilce. Además, solía absolver con generosidad las preguntas que yo le hacía sobre los poemas y las cosas de Vallejo. De él aprendí que si la belleza es inabordable en su totalidad por la inteligencia, pues la razón es poca cosa para contenerla, sin embargo, posee múltiples aristas y relaciones que dan a quien llega a conocerlas o comprenderlas una mayor posibilidad de goce estético.

Entre otras referencias, Antenor Orrego solía referir lo que él llamaba «las motivaciones circunstanciales» del siguiente verso de Trilce:

Serpentínica u enjirafada al tímpano.

Contaba Antenor Orrego que en él y César Vallejo era costumbre escuchar, desde el cuarto del poeta, en ese largo corredor de puertas de madera del segundo piso del hotel Carranza de Trujillo, el pregón vespertino del bizcochero, que anunciaba su mercancía del modo en que suelen hacerlo los pregoneros: «¡bizcuuuuuchos!». Y esa «o» deformada en «u» les llegaba por el balcón como si la trajera un largo cuello de jirafa (la «u enjirafada al tímpano»).

Antenor Orrego también solía contar que, una mañana, su amigo César Vallejo llegó demudado, sudoroso, a referirle, aún en Trujillo, el sueño de esa noche: Vallejo se había visto muerto en París. De ahí que cuando años después escribe

Me moriré en París con aguacero

un día del cual tengo ya el recuerdo...

tenía efectivamente el recuerdo de su muerte en París que, aunque acaecida en sueños, era un recuerdo en su experiencia.

En mis visitas a Santiago de Chuco, algunos viejos amigos contemporáneos y sobrevivientes del poeta, con el desenfado propio de quienes hablan de recuerdos sin importancia, me contaron de algunas travesuras del hermano de Natividad, César Vallejo Mendoza, cuando éste era niño. Decían que aunque era un muchacho como todos y no se podía negar que era también muy estudioso, tenía sus ocurrencias, como las de esconderles las ropas a la gente mayor que acostumbraba bañarse desnuda en el río. Hubo incluso un personaje que recordaba aquello con mal humor, por haber sido víctima de esas bromas.

Ya tiempo después, con el correr de los años y en lugares diferentes, dentro y fuera del país, me enteré de nuevas anécdotas del poeta, que redondeaban aún más su sentido del humor.

El poeta Juan Ríos me contaba que durante uno de sus viajes en tranvía, acompañado de Vallejo, sucedió algo imprevisto que hizo alborotarse a los pasajeros de manera exagerada. Intempestivamente un hombrecito enclenque a fuerza de gritos hizo callar a todos y, encaramado en uno de los asientos, se echó un discurso en representación de todo el tranvía. Juan Ríos, con su personalísima y elegante ironía, recordaba a aquel hombrecito del tranvía relacionándolo con estos versos de Vallejo:

Pedro Rojas solía comer

entre las criaturas de su carne, asear, pintar

la mesa y vivir dulcemente

en representación de todo el mundo.

(III de «España aparta de mí este cáliz»)

Tiene pues su propia lógica la vida y su propia lógica la poesía, y resulta difícil anular o desechar la interrelación de ambas.

Resulta oportuno recordar a Marguerite Yourcenar decir en boca de su personaje Adriano: «La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana, un poco como las grandes actitudes inmóviles de las estatuas me enseñaron a apreciar los gestos. En cambio, y posteriormente, la vida me aclaró los libros».

Retomando el tema de mi visita a la casa del poeta y el asombro gozoso que me produjeron las asociaciones referidas, así como el hallazgo que ellas despertaron en mí, en cuanto a la percepción de una nueva faceta de la poesía vallejiana: su particularísimo sentido del humor, su ironía. Señalaré ciertas referencias biográficas elocuentes.

Macedonio De La Torre contaba que Vallejo solía vestir casi siempre de terno plomo, traje con el que lo conocían sus amigos. Hasta que una vez apareció de terno negro.

—¿Estás de duelo? —le preguntó.

Vallejo le respondió que efectivamente estaba vistiendo duelo por la muerte de su traje plomo.

Alfonso de Silva, músico peruano que compartió gran amistad con el poeta y a quien Vallejo le dedicó una hermosa elegía, contaba de sus primeros tiempos en París. Tiempos difíciles. Alfonso tocaba el violín en un restaurante, para ganarse propinas. Conforme lo acordado, Vallejo solía ir por él a las horas convenidas y, por lo general, Alfonso salía a decirle que se diera una vueltecita más, pues era aún poco lo recaudado. Al fin, César y Alfonso concluían instalándose en un decoroso restaurante y pedían un notable aperitivo que agotaba las propinas recibidas. Vallejo solía exclamar irónicamente: «¡Qué suerte la nuestra. Tener para abrir el apetito y no para cerrarlo!»

Existen otras historias. Las anécdotas que he referido tienen un propósito: poner al descubierto la faceta humorística de Vallejo, no por ella menos tierna ni humana. Humor en su vida y en su poesía. Larrea destaca el carácter chaplinesco de algunos personajes protagónicos de la poesía de Vallejo.

Vallejo afirmaba que él era lo que era más por experiencias vividas que por experiencias aprendidas. Antenor Orrego, solía decir que a veces en el detalle aparente o realmente más trivial de la vida de un artista suele encontrarse el rayo que ilumina el paisaje de toda su creación. Afirmaba asimismo que la poesía de Vallejo era «hondamente peruana, porque también es hondamente universal y humana...el más profundo, el más vital nacionalismo conduce siempre a lo universal».

¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo,

y Perú al pie del orbe: yo me adhiero!

[...]

¡Indio después del hombre y antes de él!

¡Lo entiendo en dos flautas

y me doy a entender en una quena!

¡Y los demás, me las pelan...!

«La grandeza de Vallejo estaba ya en el curso de su escritura, tanto en poesía como en prosa, sin depender entonces del componente marxista, que encontraría después en Europa y que entroncará en sus discursos europeos», afirma Alberto Escobar.

En su ensayo «Vallejo ayer, Vallejo, hoy», Américo Ferrari afirma: «...la bibliografía de Vallejo se ha enriquecido y diversificado de manera extraordinaria no sólo en el ámbito del mundo hispánico, sino también en países como Estados Unidos, Inglaterra, Francia. Esta crítica proliferante, caracterizada por su diversidad, da de la poesía y la poética de Vallejo imágenes e interpretaciones múltiples, a veces complementarias y muchas veces contradictorias». Vallejo, hoy, si lo leemos a la luz de la hermenéutica de los últimos años, es muchos vallejos, o quizá sería más apropiado decir que esta poesía es una especie de teatro donde se representa un drama en el que intervienen muchos personajes de múltiples historias (y mundos interiores) cada uno: no olvidemos a este respecto que el desdoblamiento de la personalidad es una de las constantes de la poesía vallejiana y que, en uno de los poemas escritos en Europa, el poeta declara:

¡Cuántas conciencias

simultáneas enrédanse en la mía!

¡Si vierais como ese movimiento

apenas cabe hoy en mi conciencia!

[...]

No puedo concebirlo, es aplastante.

Cómo poder negar que ese monumental laberinto de proporciones descomunales que es el Perú encuentra en ese otro descomunal laberinto que es la poesía de Vallejo su más genuina expresión, expresión que a su vez encuentra en el Perú su más genuina vertiente. Tal como si se dijera que Vallejo universaliza al Perú y peruaniza al universo. Cómo excluir de esa naturaleza, que es nuestra naturaleza, el sentido del humor, el múltiple sentido del humor.

Las reflexiones expresadas en el párrafo anterior sobre la naturaleza de la patria de Vallejo encierran el propósito de poner en evidencia (aunque de modo nada sistemático) las relaciones de la poesía de Vallejo y el contexto donde nació su obra. Ese pedazo del mundo polarizado en muchos aspectos, incluso en los modos de sentir, de enfrentar la existencia, no sólo de unos y otros sino de uno mismo.

Referiré algunas experiencias personales que han enriquecido mis reflexiones sobre el humor en la poesía de Vallejo. Una tarde, acompañado de un poeta amigo, vi aparecer doblando la esquina a un anciano que, apoyado en un bastón, avanzaba arrastrando los pies penosamente.

— Debe de ser terrible llegar a esa edad, ¿no? ¿Tú soportarías vivir así? —le dije a mi acompañante.

Él me respondió con tono pícaro:

—Y así fuese de barriga.

Se refería de este modo al verso de Vallejo «Me gustaría vivir siempre, así fuese de barriga».

En otra ocasión nos encontramos con un cojo que venía muy de prisa en sentido contrario al nuestro, ceño fruncido, rabioso, pierna derecha tiesa como un palo. Tuvimos que hacernos a un lado para evitar que nos atropellara. Mi amigo lo señaló con el índice: «Ahí va un verso de Vallejo». Se refería al poema «Hasta el día en que vuelva de esta piedra:

Hasta el día en que vuelva, prosiguiendo,

con franca rectitud de cojo amargo,

de pozo en pozo, mi periplo, entiendo

que el hombre ha de ser bueno, sin embargo.

Referiré también que nunca he citado a Vallejo con mayor acierto que en un café de Madrid. Conversábamos algunos escritores en un café. Vimos entrar a un poeta de avanzada edad, cabellera al viento, desenfadado, con una graciosa jovencita cogida del brazo. Mis acompañantes reaccionaron de muy mal talante. Argumentaban que ese espectáculo resultaba ridículo por tanta diferencia de edad de la pareja. «Chochera de senectud», dijeron. ¿Cómo aplacar tan evidente envidia? Cité los siguientes versos de Vallejo:

Tengo pues derecho

a estar verde y contento y peligroso, y a ser

el cincel, miedo del bloque basto y vasto;

a meter la pata y a la risa

Luego, para rematar el impacto que produjo en los amigos aquella cita, agregué unos versos de Vallejo:

¿Cómo ser

y estar sin darle cólera al vecino?

(De «Guitarra». Poemas humanos)

Tengo muchas anécdotas más para hacer evidente el humor implícito o derivado de ciertos versos de Vallejo. Me limitaré a una más. Una tarde al llegar a mi casa me di con la sorpresa de ver que la puerta de emergencia había desaparecido. Se la habían robado. Aquel robo me resultó gracioso al recordar este verso de Vallejo:

que por mucho cerrarla robáronse la puerta.

(De «Viniere el malo con un trono al hombro...»)

No es mi propósito interpretar la poesía de Vallejo basándome en ocurrencias o versos sueltos que me permitan hacer que el poeta resulte diciendo lo que no quiso decir, pues si los versos que integran un poema constituyen una unidad indivisible del contexto, es verdad también que en el poema existen impulsos, expresiones, trazos sicológicos, huellas, versos que adquieren ciertas vibraciones propias, cierto valor o cierto aire suelto que le confieren alguna independencia, alguna individualidad. No pretendo invertir el hondo clima de orfandad, de desolación que sostiene como una columna vertebral el gran cuerpo de su poesía. Sólo trato de dar testimonio de mi manera personal de ver cuán más grande es ese cuerpo.

La gran poesía, por no ser un ente cerrado ni estático, no sólo se emparienta con sus ancestros y contemporáneos, sino que se torna incluso antepasada de sí misma, descendiente del futuro. De allí que ella significa lo que significó y también lo que los tiempos que le suceden le brindan como nuevo significado. Acaso en ello radique su verdadera grandeza.

En el caso de Vallejo existen incluso versos que, conviviendo incluso con la estirpe dolorosa que los sostiene, traen una irónica ternura, un sentido del humor personalísimo. Citaré algunos de esos versos:

Echa una cana al aire el indio triste.

(«Terceto autóctono». Los Heraldos Negros)

La salud va en un pie. De frente: marchen.

(XXXIX, de Trilce)

Hubo un día tan rico el año pasado...

que ya ni sé qué hacer con él.»

(LXXIV, de Trilce)

Éste ha de ser mi cuerpo solidario

Por el que vela el alma individual; éste ha de ser

mi ombligo en que maté mis piojos natos,

ésta mi cosa, mi cosa tremebunda.

(De «Epístola a los transeúntes». Poemas humanos)

Vamos a ver, homb

cuéntame lo que me pasa

(De «Otro poco de calma, camarada». De Poemas humanos)

...la cantidad de dinero que cuesta el ser pobre...

(De «Por último, sin ese buena aroma sucesivo»)

Añádase una vela al sol»...

(De «Ande desnudo, en pelo, el millonario». Poemas humanos)

Y comer de memoria buena carne,

jamón, si falta carne,

y, un pedazo de queso con gusanos hembras,

gusanos machos y gusanos muertos

(«De la punta del hombre». Poemas humanos)

Congoja, sí, con toda la bragueta

(Ídem)

Y la gallina pone su infinito, uno por uno

(De «¿Y bien...el metaloide pálido» . Poemas humanos)

El lector puede hallar muchos versos más de esta estirpe.

Tal ha sido pues este testimonio, esta confesión de lector en asombro permanente frente a los poemas de Vallejo. Y antes de llegar a las líneas finales, citaré un breve poema de Trilce, en el cual el desgarramiento doloroso, esencialmente doloroso, que tiñó su obra poética, se torna en una mofa irónica contra sí mismo, contra el provinciano que del pequeño pueblo de la sierra, Santiago de Chuco, arribó a Trujillo, de donde pasó luego a Lima, lugar en el cual enumera sus pesares y concluye «consolándose» con una buena risotada. Se trata del poema XIV de Trilce:

Cual mi explicación.

Esa manera de caminar por los trapecios.

Esos corajosos brutos como postizos.

Esa goma que pega el azogue al adentro.

Esas posaderas sentadas para arriba.

Ese no puede ser, sido.

Absurdo.

Demencia.

Pero he venido de Trujillo a Lima.

Pero gano un sueldo de cinco soles.

Qué modo de retratar su circunstancia burocrática en estos mundos costeños de los que, según Georgette de Vallejo, lo espantaba «la risita limeña».

Cuando trabajaba como profesor, en esos días, se ganó entre sus colegas del centro educativo donde laboraba («Esas posaderas sentadas para arriba») la fama de loco, debido a sus largos silencios y a sus singulares modos de dar clase. Una tarde, en la sala de profesores se hundió en una profunda e inquietante cavilación, a tal punto que uno de los maestros fue a consolarlo:

—¿Le sucede algo, señor Vallejo?

—Estoy muy preocupado. Muy preocupado.

—¿Cuál es el problema?

—Estoy pensando en la empresa que montaré con un socio exigente.

—¿En qué consiste?

—Pensamos sembrar arroz con pato.

Concluyo este resumen citando el texto de la tarjeta con la que los responsables de la revista Favorable Paris Poema solían acompañar cada ejemplar de la misma:

«Juan Larrea y César Vallejo solicitan de usted,
en caso de discrepancia con nuestra actitud,
su más resuelta hostilidad».

* * *

* Síntesis de la ponencia sustentada en Madrid, con motivo de la conmemoración del cincuenta aniversario de la muerte de César Vallejo.


© 2006, Jorge Díaz Herrera
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Para citar este documento: Díaz Herrera , Jorge: «Humor y lenguaje familiar en la poesía de Vallejo», en Ciberayllu [en línea] , 5 de abril del 2008. (Consulta: 5 de abril del 2008).

Trilce

Hay un lugar que yo me sé
en este mundo, nada menos,
adonde nunca llegaremos.

Donde, aun si nuestro pie
llegase a dar por un instante
será, en verdad, como no estarse.

Es ese sitio que se ve
a cada rato en esta vida,
andando, andando de uno en fila.

Más acá de mí mismo y de
mi par de yemas, lo he entrevisto
siempre lejos de los destinos.

Ya podéis iros a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.

El horizonte color té
se muere por colonizarle
para su gran Cualquiera parte.

Mas el lugar que yo me sé,
en este mundo, nada menos,
hombreado va con los reversos.

?Cerrad aquella puerta que
está entreabierta en las entrañas
de ese espejo. ?¿Está?? No; su hermana.

?No se puede cerrar. No se
puede llegar nunca a aquel sitio
do van en rama los pestillos.

Tal es el lugar que yo me sé.

César Vallejo



Trilce
, sin duda el más importante y conocido poemario de César Vallejo, tu
vo su origen en 1920, cuando el poeta se encontraba en la cárcel. Su publicación, en 1922, pasó casi inadvertida, cuando no incomprendida y aun vilipendiada. Algunos estudiosos opinan que el neologismo que sirve de título al libro se compone de las palabras "triste" y "dulce", aunque ninguna explicación es hasta ahora totalmente satisfactoria.
Otra opción es que "Trilce" quizá sea el nombre de una flor de Santiago de Chuco.
Sea como fuere, este libro -merced a sus audacias lexicográficas y sintácticas-está considerado como la obra cumbre de la Vanguardia poética en lengua española. (Wikipedia)


Poema I


Poema XXVIII


He almorzado solo ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido.

Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
de tales platos distantes esas cosas,
cuando habráse quebrado el propio hogar,
cuando no asoma ni madre a los labios.
Cómo iba yo a almorzar nonada.

A la mesa de un buen amigo he almorzado
con su padre recién llegado del mundo,
con sus canas tías que hablan
en tordillo retinte de porcelana,
bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;
y con cubiertos francos de alegres tiroriros,
porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!
Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.

El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez del propio amor,
torna tierra el brocado que no brinda la
MADRE,
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.

Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor.



Poema XXXVII

He conocido a una pobre muchacha
a quien conduje hasta la escena.
La madre, sus hermanas qué amables y también
aquel su infortunado “tú no vas a volver”.

Como en cierto negocio me iba admirablemente,
me rodeaban de un aire de dinasta florido.
La novia se volvía agua,
y cuán bien me solía llorar
su amor mal aprendido.

Me gustaba su tímida marinera
de humildes aderezos al dar las vueltas,
y cómo su pañuelo trazaba puntos,
tildes, a la melografía de su bailar de juncia.

Y cuando ambos burlamos al párroco,
quebróse mi negocio y el suyo
y la esfera barrida.

Fernando Fernández & Carolina Viale - Trilce Poema XXXVII



Poema XLIII

Quién sabe se va a ti. No le ocultes.
Quién sabe madrugada.
Acaríciale. No le digas nada. Está
duro de lo que se ahuyenta.
Acaríciale. Anda! Cómo le tendrías pena.

Narra que no es posible
todos digan que bueno,
cuando ves que se vuelve y revuelve,
animal que ha aprendido a irse... No?
Sí! Acaríciale. No le arguyas.

Quién sabe se va a ti madrugada.
¿Has contado qué poros dan salida solamente,
y cuáles dan entrada?
Acaríciale. Anda! Pero no vaya a saber
que lo haces porque yo te lo ruego. Anda!
Canta Noel Nicola


Poema LXXV

Estáis muertos.

Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno
muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendomorir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.Y sinembargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.
Estáis muertos.

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Los poemas completos de Trilce se pueden leer acá.


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Palabras Prologales "TRILCE"

I

Conocimiento

Bien quisiera yo, que estas palabras mías al frente del gran libro de Cesar Vallejo, que marca una superación estética en la gesta literaria de America, fueran nada mas que lírico grito de amor, tenue vibración del torbellino musical que ha suscitado siempre en mi la vida y la obra de este hermano genial. Así debería ser, pero mi amor no puede eludir el conocimiento. Pienso que solo quien comprende es el que con mas veracidad ama, y que solo quien ama es el que mas entrañablemente comprende. Hay, pues, una mayor o menor veracidad en el amor, tanto o más que en el conocimiento que extrae para si el maximun de comprensión que necesita para su autor. Un áurea mañana el niño se llena de estupor ante el sutil juego dinámico, ante los gritos inarticulados de su muñeco. Su asombrada puerilidad toca por primera vez las puertas del misterio. Espera que el milagro que se produce en si mismo, el milagro de la vida, le pueda ser revelado por esta criatura mecánica que tiene en sus manos. El futuro hombre esgrime sus nervios, su corazón, su cerebro y su valor para lanzarse en su primera aventura de conocimiento. ¿Por que? -gritan sus entrañas desde lo mas ascendrado de su ser. Y este primer ' por que" rompe, con dolorida angustia, el desfile innumerable de "por ques" que signan los escalones vitales del hombre, hasta el último, el de la muerte. El niño decide destripar su muñeco. Le destripa. Tras de haber vaciado las entrañas de trapo y de aserrín, tras de haber examinado atentamente la arquitectura de su juguete, tras de haber apartado pieza por pieza todo el montaje interior, tras de haber eliminado todo lo puramente formal en busca de las esencias, el investigador se encuentra ante el primer cadáver de ilusión, ante el primer conocimiento. Un tenue alambrillo arrollado en espiral; he aquí donde residía, integra-mente, el secreto de la maravilla dinámica del muñeco. Esto no es vida; esto es una mixtificación de la vida. He aquí, a mi juicio, la posición fundamental de Cesar Vallejo con respecto a la poesía. Nino de prodigiosa virginidad, busca el secreto de la vida en si misma. Ha tenido sus muñecos en los cuales creía encontrar el principio primordial del gran arcano. Ha descubierto que las artes no son sino versiones parciales, versiones escuetas, estilizadas del Universo. Ha descubierto los estilos y los instrumentos para expresarlos: las técnicas. Cesar Vallejo esta destripando los muñecos de la retórica. Los ha destripado ya. El poeta quiere dar una versión mas directa, mas caliente y cercana de la vida. El poeta ha hecho pedazos todos los alambritos convencionales y mecánicos. Quiere encontrar otra técnica que le permita expresar con mas veracidad y lealtad su estilo de la vida. La America Latina -creo yo- no asistió jamás a un caso de tal virginidad poética. Es precise ascender hasta Walt Whitman para sugerir, por comparación de actitudes vitales, la puerilidad genial del poeta peruano. De esta labor ya se encargara la critica inteligente; si no hoy, mañana.
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Otros enlaces asociados al tema:
La liberación en Trilce de César Vallejo
Trilce: devenires de resistencia
Sobre el poema XLVI, de Trilce
Tribuna: Un poeta que necesitamos más que nunca
Prólogo del TRILCE (César Vallejo) escrito por Antenor Orrego el 22 de setiembre de 1922
Acerca de Trilce
Serie Trilce: Anillo



The Complete Poetry (Clayton Eshleman)

Posteado en el blog The New York Street,

Clayton Eshleman, poeta y traductor norteamericano, ha venido traduciendo poemas de Vallejo desde la década del 50, cuando encontró el poema La Araña en una antología de poesía sudamericana de la editorial New Directions.

Su trabajo de traducción de Poemas Humanos le valió el importantísimo National Book Award en 1979.

Eshleman presentó ayer, en el auditorio del Instituto Cervantes en New York, la elegante edición bilingüe de esta PRIMERA TRADUCCION AL INGLES DE LA POESIA COMPLETA DE VALLEJO.

Es increíble que haya pasado tanto tiempo, pero por fin hay una poesía completa de Vallejo en inglés. Además, cuenta con un emotivo prólogo de Mario Vargas Llosa.

Eshleman leyó en inglés y la poeta mexicana Mónica de la Torre (PhD. Columbia University) leyó en español. La lectura en inglés fue muy intensa.

Eshleman, leyó 4 poemas de Los Heraldos Negros, cuatro de Trilce, 4 de Poemas Humanos y 2 de España aparta de mi este cáliz.

Pude grabar un fragmento de la lectura, El poema LVII de Trilce:


LVII
The highest points craterized, the points
of love, of capital being, I drink, I fast, I ab-
sorb heroin for the sorrow, for the languid
throb and against all correction.

Can I say that they've betrayed us? No.
That all were good? Neither. But
good will exist there, no doubt,
and above all, being so.

And so what who loves himself so! I seek myself
in my own design which was to be a work
of mine, in vain: nothing managed to be free.

And yet, who pushes me.
I bet I don't dare shut the fifth window.
And the role of loving oneself and persisting, close to the
hours and to what is undue.

And this and that.


LVII
Craterizados los puntos más altos, los puntos
del amor, de ser mayúsculo, bebo, ayuno ab-
sorbo heroína para la pena, para el latido
lacio y contra toda corrección.

¿Puedo decir que nos han traicionado? No.
¿Que fueron todos buenos? Tampoco. Pero
allí está una buena voluntad, sin duda,
y sobre todo, el ser así

Y qué quien se ame mucho¡ Yo me busco
en mi propio designio que debió ser obra
mía, en vano: nada alcanzó a ser libre.

Y sin embargo, quién me empuja.
A que no me atrevo a cerrar la quinta ventana.
Y el papel de amarse y persistir, junto a las
horas y a lo indebido.

Y el éste y el aquél.

Anne Waldman and Mariela Dreyfus at Cesar Vallejo tribute


Cesar Vallejo Tribute - Sam Shepard



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Todo Vallejo en inglés: Clayton Eshleman, traductor de The Complete Poetry of César Vallejo

Aunque parezca mentira, ésta es la primera vez que se publica la poesía completa de Vallejo en el idioma de Shakespeare. Aquí, una entrevista exclusiva con Clayton Eshleman, el traductor, que se ha tomado casi 50 años para realizar un trabajo que llegará a las librerías estadounidenses a mediados de este mes.


Por Ulises Gonzales


Cuando en 1957 el entonces estudiante estadounidense Clayton Eshleman descubrió el poema La Araña en una mala traducción al inglés, no se imaginó que dedicaría 48 años de su vida a la traducción de la obra poética completa de su autor. "Junto con William Blake, Vallejo es uno de mis poetas esenciales" declara hoy Eshleman, quien es el editor y traductor de la primera poesía completa de Vallejo en idioma inglés.

El libro The Complete Poetry of César Vallejo es una preciosa edición bilingüe con prólogo de Mario Vargas Llosa. Sale a la venta en librerías de Estados Unidos a mediados de diciembre. Fue presentado el pasado 14 de noviembre en la sede del Instituto Cervantes en Nueva York.

La traducción de Eshleman ha sido catalogada por los críticos de brillante. Su publicación previa de los poemas póstumos de Vallejo, recibió el prestigioso National Book Award en 1979. Es muy probable que esta publicación abra una nueva etapa en la difusión del gran poeta peruano entre los lectores angloparlantes.


A continuación una entrevista al poeta, traductor y catedrático de la Universidad de Michigan.

-Háblenos por favor de los principales problemas que enfrentó para traducir a Vallejo

Vallejo posee una mente compleja. Muchas veces parece incongruente. Utiliza permanentemente arcaísmos y neologismos, palabras intencionadamente mal escritas, así como estructuras sintácticas distorsionadas y cambios en las funciones gramaticales de las palabras. Mi método de trabajo ha sido no interpretar su poesía sino traducirla: buscar equivalentes en inglés para todo aquello que he mencionado antes, incluyendo los neologismos. Las palabras más difíciles son aquellas donde la escritura incorrecta provoca un juego de sentidos. Por ejemplo en Trilce XI, en la frase "rebocados sepulcros", Vallejo escribe mal "revocados" para traer a colación "bocados". Entonces yo traduzco eso como "bitewashed sepulchers" para lograr un equivalente del juego verbal ("bocados" traducido como "boca llena", "snack" o "mordida").

-¿Qué aspecto de la poesía de Vallejo cree usted que no ha sido suficientemente reconocido por los lectores anglófonos?

En los Estados Unidos Vallejo es un poeta de poetas. Si bien es ampliamente admirado -e incluso en muchos casos venerado-, no es popular en el sentido en que Pablo Neruda lo es. Hay muchas razones para esto. Neruda es mucho más accesible y, si lo comparamos con Vallejo, llevó una vida social y política bastante más activa. Sin embargo, Vallejo ha sufrido complicaciones en la traducción y en la publicación por culpa de la negativa de su viuda a cooperar con traductores y eruditos. Durante muchos años sólo estaban disponibles ediciones piratas de sus libros. Ni sus dramas, ni sus cartas, ni su obra periodística han sido traducidas al inglés. Además no existe una biografía de César Vallejo. Los lectores se interesan más por un escritor cuando aprenden algo acerca de su vida. Es una vergüenza que ningún estudioso peruano haya escrito una biografía de Vallejo. Sin embargo, quiero señalar que mi co-traducción del período europeo de la poesía de Vallejo, publicada en 1978 por la casa editorial de la Universidad de California, The Complete Posthumous Poetry, ha vendido, en una edición bilingüe, más de 15,000 copias. Para este país, siendo una poesía de traducción complicada, no está nada mal.

-¿ Ha encontrado algún aspecto de la poesía de Vallejo en otros poetas europeos o de Estados Unidos?

Esencialmente no. Vallejo es único. Sin embargo hay otros poetas universales cuyo sentido del mundo y de la condición humana es en cierto sentido compatible con Vallejo. El poeta alemán Paul Celan y el checo Vladimir Holan por ejemplo. Y como bien señala Efraín Kristal en la introducción a The Complete Poetry of César Vallejo, hay también una relación fascinante entre Vallejo y Samuel Beckett.

-¿Qué problemas podrían tener los lectores norteamericanos para entender a Vallejo?

Los poetas de Estados Unidos pueden leer a Vallejo hoy en día en mejor forma que los poetas peruanos que probablemente no podían entender Trilce en 1922 o Poemas Humanos en 1939. Por supuesto, hay excepciones. Pero en términos generales, tras un siglo vigoroso e inventivo en este país, que ha incluido al movimiento Language Poetry de los 70 y 80 (del cual Vallejo sería el inventor, por lo menos si nos basáramos en muchos de los poemas de Trilce), ahora estamos preparados para Vallejo. Poetas como Adrienne Rich, Robert Kelly, John Ashbery y Jerry Rothenberg no tendrían problema alguno en seguir el pensamiento original de Vallejo.

-¿Hasta qué punto sigue siendo importante hoy en día la lectura de Vallejo?

Es muy importante. Él es quien reinventó el poema político, presentando una poesía -sobre todo en Poemas Humanos- que simpatiza directamente con la condición humana. Vallejo compromete a la humanidad desde un punto de vista múltiple que incluye el odio, el afecto y la indiferencia. Él es un civil sin agenda política (la cual sí toma en sus libros de viajes a Rusia). Hay un sentido muy confrontacional de vivir y morir, como una sencilla visión ontológica dentro de su obra. La mejor lección que le puede dar a los poetas actuales es aprender a ver la vida y a volverse presos de lo universal como un todo y al mismo tiempo de cada momento en particular. Vallejo evita lo surreal y lo absurdo. Si bien sufrió profundamente, tanto mental como físicamente, encontró sentido y significado en todos lados, incluso en la terminación de la vida humana.

-¿Cómo cree usted que influenciará este libro a los poetas norteamericanos?

Creo que este libro será de gran impacto. Como el poeta Jerome Rothemberg dice: "Vallejo avanza como el más grande de los poetas sudamericanos, un personaje crucial en el proceso de creación de la totalidad de la poesía del siglo XX". Creo que ahora los poetas estadounidenses y los lectores de poesía van a poder apreciar este inmenso logro de Vallejo. Y me parece que estoy entregando una traducción que es muy precisa y, con frecuencia, del mismo nivel de calidad que los poemas originales en castellano.

-¿Ha leído algún otro peruano que esté interesado en traducir?
He leído Cesar Moro, Carlos German Belli, Rodolfo Hinostroza, Javier Sologuren, Javier Heraud, Blanca Varela, Cecilia Bustamente, Julio Ortega y Antonio Cisneros. Algunos otros. Pero no tengo planes de traducir a ninguno de ellos. Mi atención, a mis 71 años, está centrada totalmente en mi poesía y en mi trabajo de investigación.

PARA MUESTRA UN BOTÓN

Distant Footsteps
My father is asleep. His august face
expresses a peaceful heart;
he is now so sweet.
if there is anything bitter in him, it must be me.

There is no loneliness in the house; there is prayer;
and no news of the children today.
My father stirs, sounding
the flight into Egypt, the styptic farewell.
He is now so near;
if there is anything distant in him, it must be me.

My mother walks in the orchard,
savoring a savor now without savor.
She is so soft,
so wing, so gone, so love.

There is loneliness in the house with no bustle,
no news, no green, no childhood.
And if there is something broken this afternoon,
something that descends and that creaks,
it is two old white, curved roads.
Down them my heart makes its way on foot.

Los pasos lejanos
Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón ;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo seré yo.
Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huída a Egipto, el restañante adiós.
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde , sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.

EL LIBRO
The Complete Poetry. César Vallejo.
University of California Press, 2007.
ry of César Vallejo

Fuente: http://www.elcomercioperu.com.pe/EdicionImpresa/Html/2006-12-04/ImEcDominical0626828.html


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César Vallejo
The Complete Poetry
A Bilingual Edition
Edited and Translated by Clayton Eshleman. With a Foreword by Mario Vargas Llosa, an Introduction by Efraín Kristal, and a Chronology by Stephen M. Hart

"It's always exciting when an important literary figure has his work properly presented . . . and now the despairing, politically charged poetry of César Vallejo, who died in 1938, has finally gotten the treatment it deserves. This authoritative, elegant, and sturdy edition presents the Peruvian modernist's complete poems on opposing pages with their translations, which were rendered by Clayton Eshleman, himself a poet of enormous range and sensitivity. They're destined to become classics."–New York Magazine, "vulture Blog"

"Eshleman's fine translations, produced over forty-three years and presented here alongside the Spanish texts, testify to Vallejo's innovation–his love of neologism and visual play–and to a poignant, passionate life caught in the maelstrom of Western Europe between the wars."–New Yorker

"Today he [Vallejo] has a place among the finest of his century's poets. And now we have this spectacular edition of his complete poetry, edited and translated, also spectacularly, by poet Clayton Eshleman. . . . Eshleman has given the world an inestimable gift in bringing all the poems together in such a lucid and fitting translation. . . . It's a great time to be a reader, because the world of poetry just got a little bigger. Federico García Lorca, César Vallejo, Octavio Paz, Pablo Neruda - one by one, the great 20th-century poets in Spanish come into English. Perhaps now Vallejo's words, trillion and 13, will reach as wide as they should."–Philadelphia Inquirer

"Eshleman has long been considered Vallejo's definitive translator–and without question, Eshleman's Vallejo simply rings truer."–Rain Taxi

"A magnificent volume."–Books & Culture

"Eshleman . . . has made a lifework of this project & done so faithfully, even brilliantly."–Silliman's Blog

"We all need Clayton Eshleman's new Complete Poetry on our shelves. No one else has done so much, posthumously, for Vallejo, and his passion radiates through the work. Plenty of other editions deserve our time, but Eshleman's is a much-needed milestone."–Open Letters

"This book is a landmark in the history of modern poetry. To have the complete poems of Peruvian Cesar Vallejo–one of the three most important Spanish-language poets of the past century (Pablo Neruda and Frederico Garcia Lorca being the others)–in one volume changes the course of poetic translation. . . . This huge volume records layers of visionary experiences that defy interpretation, and the result is some of the darkest yet most moving poetry of the 20th century."–The Bloomsbury Review

"One of the most important books to be published this year."–Buffalo News

"This University of California Press edition of The Complete Poetry goes a long way to making Vallejo and his poetry accessible to English-speaking readers. . . . An essential poet, in a commendable edition–certainly recommended."–Literary Saloon, Complete Review

"This is a landmark book in the history of modern poetry. To have the complete poems of César Vallejo in one volume changes the course of poetic translation as this huge volume records layers of visionary experiences that often defied interpretation. Vallejo saw the world through the anguished eyes of a hawk and the heart of an elusive spirit. The result was some of the darkest, yet most moving poetry of the twentieth century. The publication of this massive undertaking is important because the entire poetic work of Peruvian César Vallejo, one of the three most important Spanish language poets of the past century (Pablo Neruda and Federico Garcia Lorca being the others) has finally been gathered in an English edition."–Luna: a Jrnl of Poetry & Translation

"Vallejo did to the Spanish language what earthquakes did to Spanish masonry. He sent it flying, exploding verbs, twisting nouns, subverting New World Castilian with slang, neologisms, and fragments of Quechua, the indigenous language of the northern Andean region, where he was born. . . . The present volume offers Vallejo's four books in definitive versions."–New York Sun

"Decades in the making, this faithful and forceful complete text from poet and essayist Eshleman deserves as much notice as any poetic translation can get."–Publishers Weekly
"César Vallejo is the greatest Catholic poet since Dante–and by Catholic I mean universal."–Thomas Merton, author of The Seven Storey Mountain

"An astonishing accomplishment. Eshleman's translation is writhing with energy."–Forrest Gander, author of Eye Against Eye

"Vallejo has emerged for us as the greatest of the great South American poets-a crucial figure in the making of the total body of twentieth-century world poetry. In Clayton Eshleman's spectacular translation, now complete, this most tangled and most rewarding of poets comes at us full blast and no holds barred. A tribute to the power of the imagination as it manifests through language in a world where meaning has always to be fought for and, as here, retrieved against the odds."–Jerome Rothenberg, co-editor of Poems for the Millennium

"Every great poet should be so lucky as to have a translator as gifted and heroic as Clayton Eshleman, who seems to have gotten inside Vallejo's poems and translated them from the inside out. The result is spectacular, or as one poem says, 'green and happy and dangerous.'"–Ron Padgett, translator of Complete Poems by Blaise Cendrars

"César Vallejo was one of the essential poets of the twentieth century, a heartbreaking and groundbreaking writer, and this gathering of the many years of imaginative work by Clayton Eshleman is one of Vallejo's essential locations in the English tongue."–Robert Hass, former Poet Laureate of the United States

"César Vallejo made the Spanish language less stilted, more elastic, inventive and sonorous–in short, he made it more American. Translating his poems into English might well have been one of the punishments in Dante's purgatory. Clayton Eshleman, instead, has turned the endeavor into a philosophy of life. He's been haunted–and hunted–by Vallejo for decades. His renditions aren't ever finished. They change as he does, and so does the reader. Polish or perish!"–Ilan Stavans, author of Spanglish: The Making of a New American Language

"This is a crucially important translation of one of the poetic geniuses of the twentieth century." –William Rowe, author of Poets of Contemporary Latin America: History and the Inner Life

"Only the dauntless perseverance and the love with which the translator has dedicated so many years of his life to this task can explain why the English version conveys, in all its boldness and vigor, the unmistakable voice of César Vallejo."–Mario Vargas Llosa
This first translation of the complete poetry of Peruvian César Vallejo (1892-1938) makes available to English speakers one of the greatest achievements of twentieth-century world poetry. Handsomely presented in facing-page Spanish and English, this volume, translated by National Book Award winner Clayton Eshleman, includes the groundbreaking collections The Black Heralds (1918), Trilce (1922), Human Poems (1939), and Spain, Take This Cup from Me (1939).

Vallejo's poetry takes the Spanish language to an unprecedented level of emotional rawness and stretches its grammatical possibilities. Striking against theology with the very rhetoric of the Christian faith, Vallejo's is a tragic vision–perhaps the only one in the canon of Spanish-language literature–in which salvation and sin are one and the same. This edition includes notes on the translation and a fascinating translation memoir that traces Eshleman's long relationship with Vallejo's poetry. An introduction and chronology provide further insights into Vallejo's life and work.
Contents
Foreword / Mario Vargas Llosa
Acknowledgments
Introduction / Efraín Kristal

Los heraldos negros · The Black Heralds
Plafones ágiles · Agile Soffits
Buzos · Divers
De la tierra · Of the Earth
Nostalgias imperiales · Imperial Nostalgias
Truenos · Thunderclaps
Canciones de hogar · Songs of Home
Trilce
Poemas humanos · Human Poems
I
II
España, aparta de mí este cáliz · Spain, Take This Cup from Me

Afterword: A Translation Memoir
Appendix: A Chronology of Vallejo's Life and Works / Stephen M. Hart
Notes
Bibliography
Index of Spanish Titles and First Lines
Index of English Titles and First Lines
Poet and essayist Clayton Eshleman is a recipient of the National Book Award and the Landon Translation Prize. He is the cotranslator of César Vallejo: The Complete Posthumous Poetry and Aimé Césaire: The Collected Poetry, both from UC Press. Among Mario Vargas Llosa's prestigious literary awards are the National Critics' Prize, the Peruvian National Prize, and the Miguel de Cervantes Prize. He is the author of more than twenty books. Efrain Kristal is Professor of Comparative Literature at the University of California, Los Angeles. Stephen M. Hart is Professor of Spanish and Latin American Studies at University College, London.
#5 on the 2007 Book Sense Poetry Top Ten list
The Complete Posthumous Poetry, by César Vallejo
The Collected Poetry, by Aimé Césaire

Fuente: http://www.ucpress.edu/books/pages/10496.php

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César Vallejo - Imposibilidad de la interpretación

César Vallejo: Tramposo agujero negro*
Por Soledad Platero,

Varias toneladas de papel, ríos de tinta, un cuadro de Picasso, una mascarilla morturoria, una foto de su cadáver, sus documentos de identidad, su historia clínica, varias calles en varias ciudades, la memoria y el reconocimiento de muchas generaciones. Acerca de su existencia no pueden quedar dudas. César Vallejo existió y fue un poeta. Sin embargo, todo el empeño puesto en homenajearlo y divulgarlo, todos los esfuerzos realizados por amigos y críticos para profundizar en el estudio de su obra no han arrojado luz sobre ese monstruoso vórtice que es su escritura. A casi cincuenta años de su muerte permanece granítico y compacto sin que hayamos encontrado aún la llave, la cifra secreta que lo abra y permita ubicarlo en la estantería del material clasificable, en alguna categoría, en algún molde.

Hay algo que deberíamos saber desde el principio: para hablar de la poesía de Vallejo no es buena idea ensayar la crítica. Es decir, se puede leer a Vallejo, se pueden reconocer ciertos rasgos distintivos de su obra, se puede intentar explicar su postura atendiendo a su vida, a su circunstancia personal, a su condición de cholo y de exiliado, a su sentimiento de huérfano. Pero no es posible, no conduce a nada la pretención de atravesar su escritura con las herramientas usuales con que solemos destripar un texto. Luego de intentarlo infructuosamente hasta el agotamiento, llegaremos a una conclusión inquietante: Vallejo es impenetrable, y él lo sabe. Maligno, intencionado, ya en la primera página de su primer libro nos advierte al respecto: qui potest capere capiat (quien pueda entender, entienda). ¿Por qué un poeta, alguien que trabaja con nuestra propia lengua, puede llegar a ser impenetrable?.

Y no digo inaccesible; digo impenetrable. Inviolentable. Instalado en la lengua, esquiva sin embargo el lenguaje poético tradicional. Ese lenguaje que se vale de metáforas, de estilizaciones, de desplazamientos del sentido. Vallejo no quiere decir. Vallejo dice. Dice pan al pan, y a la araña, araña.

Al principio, en los primeros poemas de Los Heraldos Negros se puede reconocer la tentación modernista que lo hace hablar de azul, mitra, rumor de crespones. La sombra gigantesca de Julio Herrera y Reissig, de Lugones, de Rubén Darío habita unos versos de entonación parnasiana que, a pesar de todo, ya están buscando un camino nuevo. No le lleva mucho tiempo encontrarlo.

Intercalados en el libro, colándose incluso en algunos versos tenebrosos de neurastenia y musas, aparecen las señales de que algo nuevo ha llegado a la poesía. “ Es una araña que temblaba fija / en un filo de piedra; / el abdomen a una lado, / y al otro la cabeza...” Empezó a decir. No a sugerir. No a insinuar. Dijo. Llanamente. Se despojó de las figuras ornadas del poema y encontró en la mera lengua una forma de hacer poesía que no edifica construcciones simbólicas, connotativas, sino que denota de modo categórico.

Ahora bien, luego de él muchos poetas, y no sólo los latinoamericanos ensayaron ese camino de desnudez, adoptaron el verso libre y oscilaron entre la descripción cruda o la metáfora incomprensible. ¿Qué es, entonces, lo que separa a Vallejo de todos los demás, de sus anteriores y sus seguidores? Puede ser violento decirlo, pero es que Vallejo hace trampa.

Es decir, le hace trampa a la lógica, al sentido, al lenguaje articulado según una dialéctica conocida. Le hace trampa al hombre blanco, a la escritura como vehículo del logos, al evangelio como discurso de dominación, le escapa a los espejos, a los afeites conocidos -usará otros, herméticos e intraducibles- para montarse sobre su lengua, sobre la palabra viva de su pueblo, para encaramarse en los dichos y en la entonación de sus vecinos “Que frío hay... Jesús!” .
Vallejo tenía algo para decir. Algo que era más que copas de mal o taciturnas letanías. Tenía un sentimiento ancestral de desposeído, de desarmado, de violentado. Tenía dos abuelas chimú y una memoria pétrea de ser de la sierra. Tenía dolor. Misturado entre padrenuestros y procesiones empujaba el dolor andino, la conciencia de estar golpeado, de no tener sitio en el banquete de los vencedores. Tenía experiencia de paria, de equívoco en un mundo organizado a la medida del hombre blanco. Tenía una desconfianza raigal, un recelo. “Verano ya me voy. Y me dan pena / las manitas sumisas de tus tardes...”. No tenía lugar en su pueblo. Muchos no lo tienen, no sólo en Santiago de Chuco, sino en cualquier pueblo de cualquier país de América. Tenía que irse. Pero irse era dejar el único sitio que era su sitio. Encontró el modo de llevar su casa a cuestas. Si iba a trabajar con la palabra, en la palabra, entonces la palabra debía ser suya.

Cuando publicó Trilce ya había en su experiencia la salida del hogar, la muerte de la madre, de su hermano Miguel, la cárcel, ya su padre había recorrido el camino desde el cementerio, de regreso de algún entierro humilde. Trilce es el grito del dolor. Es ruido. Trilce es la venganza contra el infame orden de las sílabas, contra la pérdida de la inocencia rotunda que había sido anterior a la escritura. Y ya no le basta, para decirlo, con prescindir de los trucos bonitos de la poesía. Necesita más. Necesita destrozar los códigos, atrofiar las palabras, descoyuntar el lenguaje, darlo vuelta. Lo amasa, lo apelotona, lo estira, lo derrota. El resultado es un libro que provoca simultáneamente, empatía y rechazo. No permite el juego de la memorización, no se puede aprender como un rezo, como una fórmula, no se puede recitar como un salmo. No sigue líneas previsibles, ni de gramática, ni de entonación, ni de pensamiento. Y no presupone un sujeto lírico distinto y separado del lector. Esa es tal vez la peor de las trampas. En la poesía de Vallejo no hay el otro. Es decir, no hay posibilidad de penetrarla desde ese modelo del psicoanálisis que estamos acostumbrados a usar, que usamos sin saberlo, que nos define como un yo diferente de un el otro.

Es asombrosa su habilidad para comprometer al lector en la génesis misma del proceso creativo. Se vale de un lenguaje denotativo categórico: “He almorzado solo ahora, y no he tenido...”, pero inmediatamente lo involucra en sus propias dudas, en su ir y venir: “cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir...”, para terminar en una sentencia que tiene el peso de un oráculo: “Cuando se ha quebrado ya el propio hogar, / y el sírvete materno no sale de la / tumba, / la cocina a oscuras, la miseria de amor.”

Desarticulada la rima, desacomodado el ritmo, Trilce inventa una manera de decir que quiere ser anterior a todo aprendizaje, a toda mansa costumbre de alfabetizado, porque desconfía del lenguaje del hombre blanco.

Está rota la consonancia del verso, está alterada la natural exposición de las ideas, la secuencia previsible. Se obtiene entonces una relación inmediata, un vínculo que prescinde de conductores ya establecidos y contacta de primera mano con cualquier órgano receptivo apto para incorporarla.

Esa patada que desparrama el sense parece provocar un contacto anterior a la repetición, a la salmodia, incluso al pensamiento. No puede aprenderse como cualquier otro verso, como las tablas de multiplicar. No es inteligible. Es aprehensible, en cambio, para quien esté dotado de antenas, de una dermis permeable, para quien esté despojado de intención inteligente. Es, por esta misma razón, intraducible. Traducir es trasladar el sentido, el sense, ponerlo en otra lengua, rescatar la idea y abandonar el vehículo. Ahora bien, en Vallejo, el vehículo es inseparable de lo que está diciendo.

Él mismo hizo de la intraductibilidad de la poesía una de las condiciones “per se” de ésta. Escrito como al descuido, como si las palabras usadas simplemente se dejaran salir de alguna fuente olvidada hace tiempo, Trilce es, por el contrario, un libro elaborado a conciencia según una estética que obedece a ideas muy precisas. Las frases hechas, la repetición de sonidos, el ruido, la desnudez total de ciertas descripciones, lo caprichoso de algunas imágenes de sentido absolutamente oscuro, todo está ferozmente subordinado a una intención de comunicar a través de recursos contra los que aún no había anticuerpos. Vallejo inoculó un mal que muchos después de él quisieron copiar, generalmente sin éxito.

Él inauguró el verso libre que después arrasó en la poesía “de protesta” latinoamericana. Los que vinieron detrás no alcanzaron nunca la enorme capacidad comunicativa de su poesía, pero todos tenemos, a partir de Trilce, si no una nueva destreza para leer, cuando menos la experiencia de un modo distinto de habitar la lengua. Todos. Incluso aquellos que no leen poesía.

“Quiero escribir como pinta Picasso” dijo una vez. Y lo hizo. Así como no sólo la pintura es otra después de ‘Guernica’, sino que son otros los ojos que la miran, así después de Trilce podemos esperar del lenguaje cualquier cosa. Claro que nada de esto le facilita la tarea a la crítica. Bucear entre la numerosa literatura existente sobre Vallejo significa perderse en una vorágine de homenajes, aproximaciones sociológicas, lecturas ideológicas, biografías y anécdotas. O incluso -y esto tal vez sea peor- en buenas intenciones que destripan los versos, los aíslan en el reducido cristal del microscopio y elaboran a partir de un par de líneas un edificio de símbolos y sombras chinas.

Después de Trilce

Después de la alucinada experiencia de Trilce, Vallejo estuvo un tiempo exiliado de la poesía. Escribió varias narraciones -que con justeza han sido olvidadas-, colaboró en diversas publicaciones, sacó dos números de una revista -Favorable-París-Poema-, junto a Huidobro, Larrea, Gerardo Diego y otros, participó en congresos, debates, integró comités políticos y tomó partido por la causa de la República Española y el Partido Comunista Peruano, fundado por Mariátegui.

Los textos reunidos bajo el nombre de Poemas Humanos, así como los Poemas en prosa y España, aparta de mí este cáliz, fueron publicados en forma póstuma por su esposa, Georgette. Algunos de ellos son fuertemente ideológicos, cargados de una enorme voluntad de asentar su posición y sus reflexiones, empapados del algo ingenuo pero generoso deseo de incorporar a su escritura una causa que abrigaba con sinceridad. En otros manifiesta claramente su postura estética, la filosofía que alienta en su manera de comunicar, la necesidad de decir de un modo propio. Y aunque ya no se apoya en un ritmo tan violentamente discordante como había hecho en Trilce, tampoco retrocede en su camino, y sigue haciendo una poesía opaca que no se deja violentar por la interpretación.

Es posible que la ausencia de acrobacias lingüísticas obedezca a razones de madurez personal, a cuestiones de pura coyuntura. Pero también es posible que obedezca a algo más simple: Trilce ya existía. Ya había un lenguaje nuevo. Ya era más fácil caminar por él. Había pasado el punto de desintegración.

Ahora bien, aunque este último corpus de poemas incluye variados tópicos -hay que tener en cuenta que no fue él quien preparó la edición- el tema que como un hilo recorre toda su obra parece ser siempre el mismo; el de su propia existencia encarnada en dolor. Vallejo es, antes que nada, algo que duele. Es un centro nervioso. órgano o alma, conciencia o memoria, España o Perú, Vallejo duele.

Aquello que en Los heraldos era Miguel que ya no estaba en el poyo de la casa, que en Trilce eran dobladoras penas hacia el silencioso corral, o un sírvete materno que no sale de la tumba, es en sus últimos textos la inocultable certidumbre de que todos han muerto. El también va a morir, y se dirán todos “César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada;/...”

Pero hasta que no muera, mientras está vivo, sólo puede doler. Le duele su propia vida, la vida de los demás, le duele que no le duela a él, a veces, el dolor ajeno. ¿Cómo expresó ese dolor, eso que no es angustia existencial, que no es metáfora de nada, que no es símbolo de ninguna otra cosa? Como siempre lo hizo. Le dijo al dolor, dolor y a la costilla, costilla. “Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura no daría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.”

De estos últimos textos suele decirse que son la culminación de un hondo sentimiento humano, de una sensibilidad hacia el prójimo que lo hermana a Cristo, que lo alinea a sus camaradas comunistas. Que encarnan su vocación peruanista y republicana. Así como todo eso es indiscutible, también es bastante obvio. Es como decir que Los heraldos es modernista o que Trilce es un libro muy difícil. No agrega nada. Invicto, inalterable, Vallejo no deja decir de su poesía nada que no sea, o bien simplificador, o bien ligeramente delirante.

En el fondo, todo se reduce a algo bastante simple: para leer a Vallejo sólo se puede contar con Vallejo. Y si de interpretarlo se trata, es posible que tengamos que dar una mala noticia: aún no sabemos hacerlo; aún no llegamos a despojarnos del aparato infernal del logos, aún no tenemos una herramienta cognitiva apta para penetrar en su tramposo, malintencionado agujero negro. Y no se vislumbra, por el momento, la fisura por la cual colársele, el túnel deslizador que nos abra la puerta de esa dimensión sin lógica, sin tiempo, sin reglas de ortografía que constituye, sin embargo, un lenguaje.

Los estudios sobre la obra poética de Vallejo son numerosos. Creemos necesario destacar los de Saúl Yurkievich (1958); Juan Larrea (1958, 1961, 1962); Xavier Abril (1958,1962); Américo Ferrari (1974) y Jean Franco (1976). Agradecemos también las opiniones de Leslie Bary, catedrática de la Universidad de Oregon.

* Publicado originalmente en Insomnia, Nº 9.

Fuente: http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Platero/Vallejotrampa.htm


César Vallejo ha muerto (Pablo Neruda)


Por Pablo Neruda,


Esta primavera de Europa está creciendo sobre una más, uno inolvidable entre los muertos, nuestro bienadmirado, nuestro bienquerido César Vallejo. Por estos tiempos de París, él vivía con la ventana abierta, y su pensativa cabeza de piedra peruana recogía el rumor de Francia, del mundo, de España...Viejo combatiente de la esperanza, viejo querido. Es posible? Y qué haremos en este mundo para ser dignos de tu silenciosa obra duradera, de tu interno crecimiento esencial? Ya en tus últimos tiempos, hermano, tu cuerpo, tu alma te pedían tierra americana, pero la hoguera de España te retenía en Francia, en donde nadie fue más extranjero. Porque eres el espectro americano, -indoamericano como vosotros preferís decir-, un espectro de nuestra martirizada América, un espectro maduro en la libertad y en la pasión. Tenías algo de mina, de socavón lunar, algo terrenalmente profundo.

"Rindió tributo a sus muchas hambres" -me escribe Juan Larrea-. Muchas hambres, parece mentira...Las muchas hambres,las muchas soledades, las muchas leguas de viaje, pensando en los hombres, en la injusticia sobre esta tierra, en la cobardía de media humanidad. Lo de España ya te iba royendo el alma. Esa alma tan roída por tu propio espíritu, tan despojada, tan herida por tu propia necesidad ascética. Lo de España ha sido el taladro de cada día para tu inmensa virtud. Eras grande, Vallejo. Eras interior y grande, como un gran palacio de piedra subterránea, con mucho silencio mineral, con mucha esencia de tiempo y de especie. Y allá en el fondo el fuego implacable del espíritu, brasa y ceniza... Salud, gran poeta, salud, hermano.

(Escrito a la muerte del gran poeta peruano César Vallejo y publicado por la revista Aurora, de Santiago de Chile, el 1 de agosto de 1938).
Pablo Neruda Para nacer he nacido Barcelona, Seix Barral, 1981,pag.79.

Fuente: http://www.letras.s5.com/vallejo9.htm



Sobre el poema XLVI, de Trilce

Por Manuel Lasso,

En ese abril como aquel en que César Vallejo se fue desde su habitación de París, hace más de seis decenios, aniquilado por una fiebre sibilina a la que nadie pudo entender, me gustaría rendir homenaje a su memoria, como quien pasa un bálsamo sobre su sufrimiento final, tratando de descifrar el poema XLVI de Trilce:

"La tarde cocinera se detiene
ante la mesa donde tú comiste:
y muerta de hambre tu memoria viene
sin probar ni agua de lo puro triste.
Más , como siempre, tu humildad se aviene
a que le brinden la bondad más triste.
Y no quieres gustar, que ves quien viene
filialmente a la mesa en que comiste.
La tarde cocinera te suplica
y te llora en su delantal que aún sórdido
nos empieza a querer de oírnos tanto.
Yo hago esfuerzos también, porque no hay
valor para servirse de estas aves.
¡Ah! Qué nos vamos a servir ya nada."

Este poema, aparentemente oscuro y enigmático, que desde su aparición ha sido interpretado de modos diversos, se puede comprender mejor y se nos puede revelar de una manera más sorprendente después de leer el valioso testimonio que nos dejó Juan Espejo Asturrizaga en el libro titulado "Vallejo: itinerario del hombre."

En este manantial de información nos enteramos que en 1918, en los tiempos en que todavía se enseñaba con la palmeta en la mano, Vallejo trabajaba como profesor de educación primaria en la escuela Barros de la ciudad de Lima. En esa época, sediento por compenetrarse con otras almas literarias ya había acudido a la Biblioteca Nacional para conocer al anciano Manuel González Prada, a quien encontró humedeciendo un dedo en una copa de agua para adherir un sello a su correspondencia. Con anterioridad Vallejo había visitado a José María Euguren en el balneario de Barranco. El poeta lo recibió muy afablemente y le mostró una colección de fotografías azulinas y pardas que había tomado con una cámara de su invención a una soprano conocida y a un saltimbanqui de playa y que guardaba encoladas en un álbum de tapas de cuero.

Estaba por concluir la Primera Guerra Mundial, aquella conflagración de zanjas impregnadas de gases venenosos y rebozantes de combatientes caídos. Mientras que en Europa, soldados alemanes y franceses corrían con fusiles en mano, de una trinchera a la otra, entre explosiones, cortando alambrados y esquivando las balas de las ametralladoras, en la ciudad de Lima, César Vallejo tenía que eludir las miradas ardientes que le enviaba una muchacha morocha y agraciada que se llamaba Otilia y que vivía en la calle Maravillas.

Rápidamente se convirtieron en amantes. Sobre ella existen varias referencias en Trilce. El amoroso Vallejo solía sacarla a pasear los domingos por la tarde. Se iban platicando por la Bajada de Santa Clara y al llegar a la esquina de la Escuela de Bellas Artes continuaban por la calle San Ildefonso. Vallejo avanzaba lentamente con un terno azul marino apretado, una camisa blanca de cuello almidonado, probablemente planchado por Otilia y una menuda corbata bermellona. Empuñaba un bastón charolado de punta metálica que llevaba más por adorno que por necesidad. Ese sería el bastón con el que, posteriormente, se tomaría una fotografía apoyando el mentón sobre una mano. A su lado iba ella con su mirada traviesa y con la cabeza cubierta por un sombrerito negro y redondo.

Después de pasar por el puente Balta se detenían en un lugar donde vendían comida. Casi muertos de hambre se sentaban a una mesa rústica y él dejaba el brillante bastón apoyado en la banca. La cocinera con su delantal, sin poder dejar de oír la conversación y las risas de los amantes, les servía un plato de arroz con pato, esas aves con culantro, exquisitez de la culinaria peruana, con piernas de ave teñidas de verde y adornadas con fragmentos rojos de pimentón. Mientras comían, Otilia escuchaba lo que Vallejo, con el ceño inevitablemente fruncido y con sus ojos tristes e indagantes, le decía.

Tiempo después, cuando el apasionado romance concluyó Otilia guardó sus prendas íntimas dentro de unas maletas de cuero y se marchó para siempre en un tren que la llevó a su pueblo natal de San Mateo. De nada le sirvieron a Vallejo, para amainar sus sufrimientos, las numerosas cartas que le envió ni la contemplación de las fotografías pardas que guardaba de ella. En un intento ritual de apaciguar el dolor causado por la ausencia de la amada, volvió a recorrer las mismas calles, a la misma hora del domingo, tratando de acordarse de las cosas que le había dicho, hasta llegar a sentarse triste y agotado, a la misma mesa de las suplicantes cocineras con delantal que le volvían a servir el mismo plato de arroz con pato que había saboreado con Otilia. Fue así como en un intento desesperado de aliviar su nostalgia idílica, como abrumado por la ausencia irremediable de la idolatrada, apoyado en un barandal del puente, con el entrecejo arrugado de indio moche, escribió el poema XLVI de Trilce. Volvámoslo a leer:

"La tarde cocinera se detiene
ante la mesa donde tú comiste:
y muerta de hambre tu memoria viene
sin probar ni agua de lo puro triste.
Más, como siempre, tu humildad se aviene
a que le brinden la bondad más triste.

Y no quieres gustar, que ves quien viene
filialmente a la mesa en que comiste.
La tarde cocinera te suplica
y te llora en su delantal que aún sórdido
nos empieza a querer de oírnos tanto.
Yo hago esfuerzos también, porque no hay
valor para servirse de estas aves.
¡Ah! Qué nos vamos a servir ya nada."

Fuente: http://www.secrel.com.br/jpoesia/bh3vallejo4.htm


Vallejo en programas de TV

Santiago Amón habla en TVE (Espacio XX) sobre Cesar Vallejo




La tumba de César Vallejo