30 marzo 2008

El Vallejo de Elena Garro


A mí me gustaba César Vallejo. Nunca entendí la manía que le tenía Pablo Neruda ni la persecución que ejercía contra él. En España Pepe Bergamín me dijo: "Envidia de La Chirimoya". (Así llamaba a Pablo. Ambos llevaban una riña encarnizada, a tal punto que después de que Pablo recibió el Premio Lenin, el Comité Ejecutivo del Partido Soviético tuvo que intervenir, llamar a los dos y obligarlos a terminar la querella.) Esto lo contaba Pepe Bergamín, riéndose con gran malicia. Pero a pesar de las "paces" impuestas, Bergamín continuaba llamándole "La Chirimoya". "¿No recuerdas que era muy envidioso? Y como los dos eran poetas de América, pues no se lo perdonaba, sobre todo que Vallejo era mucho mejor poeta que él, ¡"La Chirimoya" no era tonta y lo sabía...!".

Sí, algo pasaba con César Vallejo, estaba muy aislado, vivía con Georgette, su mujer, en un hotelito muy pobre del barrio latino y formaban una muy hermosa pareja: ella menuda, blanquísima, de ojos verdes de gato y él enjuto, alto, moreno, de rasgos indígenas muy severos. Estaban muy pobres e iban vestidos con ropas raídas y ligeras para la crudeza del invierno. Georgette, siempre muy cerca de él, levantaba la vista para contemplarlo con veneración. Una noche en la que fuimos con ellos a un mitin, Vallejo quiso colocarse hasta adelante, para no perder ni una palabra de lo que allí se iba a decir. El teatro estaba repleto y nos quedamos de pie en el pasillo, muy cerca de la escena. A mí no me interesaban los oradores, me fascinaba el rostro grave de Vallejo, como si estuviera devorado por un terrible sufrimiento, y no pude quitarle la vista de encima. Él se dio cuenta de cómo lo miraba y me echó un brazo al cuello, sin dejar de escuchar a los oradores. A su contacto, me invadió una corriente de bondad que nunca más he vuelto a sentir. Aquel hombre era un hombre aparte, era un poeta. Creo que la poesía va unida a la profundidad de la bondad. Todavía veo su suéter de lana cruda y sus ojos trágicos.

César Vallejo nunca se quejo. Tal vez sabía ya que el hombre moderno tiene el corazón de piedra y que era inútil pedir socorro. Nosotros no podíamos imaginar la miseria que sufría: los jóvenes, o cuando menos yo, carecen de imaginación para adivinar el sufrimiento y el terror que ocasiona el hambre. Yo sentía que Vallejo era desdichado, pero no sabía la causa a pesar de su mirada febril y terriblemente profunda. Vallejo se sabía el elegido de la desdicha. Los mayores conocían a fondo el drama de Vallejo, pero preferían el mutismo y hacerle el vacío. El desdichado nunca tiene razón, siempre es culpable. Esto lo he comprobado a lo largo de mi ya larga vida. Nos- otros sabíamos que Neruda no lo quería, pero no imaginábamos que su poder fuera tan grande como para hundir a César Vallejo en aquella desgracia. Poco tiempo después supe que Vallejo había muerto de hambre en París. ¡De hambre! No era una frase, era una terrible verdad. Su muerte me produjo una impresión extraña. Los comunistas tenían razón: unos eran demasiado ricos y otros demasiado pobres, y esto se daba hasta entre los propios comunistas.

En Nueva York, durante la segunda guerra mundial, conocí a Gonzalo More, el mejor amigo de César Vallejo. Ambos eran peruanos. En el restaurante Sevilla y en el hotelucho Jai-Alai, Gonzalo me hablaba de César. Se habían conocido desde jóvenes. A Gonzalo le preocupaba mucho Georgette, que pasaba la guerra sola en Francia. No le preocupan los manuscritos de Vallejo: "Yo sé que Georgette los guardará mejor que su propia vida", concluía en el cafetín de Bank Street. Y así fue. Después de la guerra un diplomático peruano, Roca, buscó a Georgette para pedirle los manuscritos de César. Ella no quiso entregárselos. Si en Perú querían editar a Vallejo, ella iría a vigilar la edición. Hubo un forcejeo y al final Georgette se fue al Perú con los papeles de César. Después sólo he escuchado: "¡Ah, esa mujer!", "¡Ah, esa mujer nefasta!". Y me asombra la frivolidad de los que la juzgan, ya que ni la conocieron ni conocieron a Vallejo, ni supieron el gran amor y el grave sufrimiento que los unió para siempre. Yo digo: "¡Ah, los advenedizos"...
(Elena Garro: Memorias de España 1937, México, Siglo XXI Editores, 1992, págs. 138-140)

Publicado es el blog Wayra al día


Vallejo bajo la óptica de otros artistas

Fuente: http://www.boletindenewyork.com/vallejobajolaoptica.htm
Dibujo: Gastón Garraud




Dibujo: Sérvulo Gutiérrez



Dibujo: Javier Heraud



Dibujo: Pablo Picasso




Oleo: Efraín Díaz Horna



Escultura: José de Creft




Dibujo: Ricardo J. Denegri



Dibujo: D. A. Corcuera



Escutura: Miguel Baca Rossi






César Vallejo y Astorga

Un día apareció César Vallejo en el jardín de Astorga, que por entonces todavía tenía su ingenua fuente moruna y su mínimo estanque de rocalla en la glorieta. Era verano, creo que era verano, y lo traían en medio, como si fueran las varas de un palio de veneración, Juan y Leopoldo Panero, ya no puedo asegurar si Gabriel García Espina y Ricardo Gullón. Los verdes, viejos, copudos árboles de la glorieta ponían su dosel sobre el grupo.

A lo lejos, una fila de graciosos olvidos, escribiría por aquellos años Leopoldo. Y hoy, ahora me digo: ¿Graciosos olvidos cuando todo eso que hemos ido olvidando es como si el aroma de canela de la juventud se hubiera perdido en el aire? Me parece que ya había venido la República y que andábamos todos los jóvenes como un poco ebrios de esperanzas y de poesía. Leíamos ávidamente el Poema del cante jondo, de García Lorca, y ya no puedo decir si lo que Ricado Gullón nos leía en el reservado del Café Moderno, ocupado por parejas de novios a otras horas, traduciéndolo directa y apasionadamente del francés, era algo de Proust o de André Gide.

Andábamos todos los jóvenes de España que estaban enamorados de libertad y literatura buscando, tanteando, husmeando como gozquecillos, tratando de condensarnos en algo más preciso que en aquella onda de la materia pura en la que inmerso te hallas, de Aleixandre, inquiriendo en Cernuda, en Salinas, en Domenchina recogidos, antologizados por Gerardo Diego, la sustancia de lo que había de ser la poesía nueva, la nuestra, la de nuestro tiempo nuevo.

César Vallejo, iba en el centro del grupo al que me acerqué -yo era más joven y principiante- tímidamente. Hablaba poco. Su acento era, o me lo pareció, leve y nos traía aromas exóticos, ideas que temblaban en nosotros, como cristales golpeados por la brisa. ¿De dónde, por qué camino había venido,/ soplo de ceniza caliente/ indio manso?, se preguntaba más tarde Leopoldo en un poema. ¿Cómo no iba a saberlo Leopoldo Panero si él y su hermano Juan lo habían traído a Astorga y antes de llevarlo a su casa le habían mostrado la mole rosa de la catedral? Ven a la catedral, alma de soledad, temblando

Creo, me parece, que por entonces Leopoldo no tenía fe. Que por entonces yo tampoco tenía fe. Que quien manifestaba su fe profunda -toda su vida la ha manifestado-, era Luis Alonso Luengo, el entonces poeta más maduro de todos, el más lejano tal vez a César Vallejo, que aquella mañana luminosa de Astorga rompía con su palabra nuestros cauces espirituales ya resquebrajados, del mismo modo que las raíces de los chopos, ávidas de humedad, penetran y rompen los cauces, las tuberías ocultas por donde discurre el agua.

Nunca volví a ver al poeta peruano. Apenas salíamos de los tiempos de primeros versos en Humo en aquella revista Humano, que hacía el inspector Linacero en León, y ya estaba allí, viniéndosenos encima el estruendo de la dinamita, el horror de San Marcos y la inevitable separación, largamente provisional, en vencedores y vencidos. César nos ofreció en aquel jardín una comunión de poesía y amor. César, Juan, Leopoldo, Gabriel se han reunido ya. Los demás, esperamos.


Lorenzo López Sancho
Publicado en ABC y reproducido en El Pensamiento Astorgano
Fuente: http://www.astorga.com/articulo/llscvall.htm


Masa - César Vallejo

Interpretación de Leonardo Sbaraglia


Masa
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: "¡No mueras, te amo tanto!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos repitiéronle:
"¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: "¡Quédate hermano!"
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos lo hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazo al primer hombre; echóse a andar...

César Vallejo

Audio interpretado por Pablo Milanés
boomp3.com



Masa


Audio interpretado por Daniel Viglietti
boomp3.com


Interpretación de Jose Manuel Castanon




MASA: UNA ESCENA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
© Robert Capa. Agencia Magnum..Fotografia reproducida por Manuel Lasso del original.

por

©Manuel Lasso

Manuel Lasso. Novelista y dramaturgo. Estudio literatura en el City College de la ciudad de Nueva York, donde fue ganador de los Juegos Florales en la categoría de narración. Es autor de las novelas Mare Tenebrosum , Las memorias del Almirante y Cenando con Klaus. Es también autor del drama en dos actos Bifasicus que esta ambientado en la época de la guerra civil española.


Los momentos espantosos de la guerra civil española, con sus innumerables demostraciones de heroísmo e idealismo, produjeron marcas imborrables en los intelectuales de la época. Son conocidas las atestiguaciones de Octavio Paz en El laberinto de la soledad y los testimonios llenos de nostalgia de Pablo Neruda en España en el corazón.

César Vallejo también se conmovió con la violencia de la contienda. Tras asistir en Madrid al Segundo congreso internacional de escritores para la defensa de la cultura viajó al frente de batalla donde presenció personalmente los horrores de la guerra. Tal vez en algún momento deseó quedarse, con un fusil y un revólver lavado en las manos, para pelear junto con los otros voluntarios de la República.

Pero como afirmaba Miguel Hernández, mientras que algunos tenían que morir con el mentón firme y la cabeza bien en alto, otros tenían que cantar los hechos por encima de las trompetas. Entonces Vallejo regresó a Francia para sentir el calor diario de la amada debajo de las cobijas y para redactar, con todo lo visto y oído, el poemario titulado España, aparta de mí este cáliz.

Esta fotografía de un miliciano herido, que ya dobla las piernas y suelta el fusil, fue la más difundida de todos esos tiempos. En ella se ve caer al combatiente Federico Borrell García, de Alcoy, luego de ser alcanzado mortalmente por una bala franquista en la batalla del cerro Muriano durante el último empeño republicano de recapturar la ciudad de Córdoba.

Fue tomada por el fotógrafo húngaro Robert Capa, con una cámara Laika de 35 milímetros y apareció publicada en la revista Vu de París el 23 de septiembre de 1936, convirtiéndose innegablemente en la imagen más renombrada de todo el conflicto.

Al año siguiente, el autor de Piedra negra sobre una piedra blanca concluyó su composición más surrealista y universal, el poema Masa; y le puso la fecha del 10 de noviembre de 1937. Sin embargo no pudo verlo publicado porque falleció poco después, el 15 de abril de 1938, aniquilado por una fiebre maligna de origen incierto que nadie pudo entender.

Fue como si la formidable Muerte que Vallejo describiera caminando por los cementerios bombardeados y por los campos de batalla de España, con su cognac, su pómulo moral, sus pasos de acordeón y su palabrota, hubiese venido a buscarlo hasta su habitación parisina para llevárselo al Montparnasse aunque lo hubiese tenido que hacer en contra de su propia voluntad.

©Manuel Lasso

Fuente: http://www.literaturas.com/05EspecialMaxAuxManuelLassoAbril2003.htm



Homenaje a Vallejo

Vallejo es nuestra reserva moral
Danilo Sánchez Lihón


1. César Vallejo, orígenes


Diversos acontecimientos marcan el natalicio de César Vallejo, ocurrido el 16 de marzo del año 1892, hace 115 años, en Santiago Chuco, cuidad andina del Departamento de La Libertad, en la región norte del Perú.


El primero es que su madre, al traerlo al mundo, estuvo a punto de perder la vida, pues tenía 42 años y era su doceavo parto.


Los gritos y sollozos de los parientes y personas que ayudaban en las labores de la casa eran tan intensos que don Francisco de Paula tuvo que llamarles la atención diciéndoles:


– ¡No ha muerto la señora! ¡Al llorar y gemir de esa manera la están haciendo daño!


El segundo hecho es que aquella noche, a unos metros del lecho de la parturienta, en la calle, de la cual apenas lo separaba una pared de adobe, a los quejidos agónicos de la madre que “se moría” y a los alaridos de los familiares, se mezclaban los estampidos de las balas, algunas de las cuales se incrustaban en el tejado, debido al enfrentamiento entre “Los rojos”, partidarios de don Nicolás de Piérola, “El Califa”, y “Los verdes”, fanáticos de Andrés Avelino Cáceres, “el brujo de los andes”, que disputaban el poder presidencial. A consecuencia de ello, al otro lado de la pared en que nacía César Vallejo, moría un hombre producto de estos enfrentamientos. Por eso, en él vida y muerte estuvieron siempre indisolublemente ligadas. Quien nacía en esos momentos diría después, en unos de sus poemas:

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

Aparte de estas circunstancias, hay dos aspectos significativos en la biografía del autor de Los heraldos negros, cual es que sus dos abuelas eran indígenas, naturales del lugar y de ancestros cullis, cultura pétrea, recóndita y secreta; y sus dos abuelos fueron dos sacerdotes españoles que llegaron en misión evangelizadora hasta aquel lejano paraje.


Así es cómo su padre, Francisco de Paula Vallejo Benites, fue hijo del sacerdote mercedario José Rufo Vallejo y de la indígena Justa Benites y su madre, María de los Santos Mendoza, fue hija del sacerdote Joaquín de Mendoza y de la lugareña Natividad Gurrionero.


Ambos progenitores del poeta nacieron en Santiago de Chuco, el primero en 1840 y la segunda en 1850 y fue en dicha villa donde contrajeron matrimonio, en 1869, viviendo en la calle Colón N° 96, de propiedad de doña María de los Santos, a tres cuadras y media de la Plaza de Armas del pueblo.


2. El devenir histórico de los pueblos

César Vallejo fue un colectivista instintivo que, por el trazo que dio a su vida, las circunstancias que le tocó vivir y cómo lo vivió, resulta un ser heroico. En razón de ello despreció aquí y allá puestos administrativos y consecuentemente la bonanza económica. Viajó a Europa a sufrir absolutamente de todo, –para morir, él ya lo sabía por la visión premonitoria que había tenido en Mansiche, diciendo luego: «Me moriré en París y no me corro»– sin pretender jamás hacerse allí de una posición cómoda.


Esta simbiosis individuo-comunidad está inspirada en la telúrica de Santiago de Chuco por la raigambre de individuo, ancestro y cultura que allí se entreteje. Aquel sentimiento de lo colectivo llevado a mística cristiana no puede darse ni en Roma ni en New York, ni en Suiza ni en Londres, porque Vallejo no nace como un individuo, sino como una colectividad.


Vallejo es una masa, es flujo histórico, una sociedad representada en un hombre que no podemos situar ni en el aire ni en el viento. Una sociedad es y responde totalmente al espacio y tiempo histórico que de ese modo se definen y hasta determinan.


De allí que él no pudo nacer en ninguna otra parte del mundo que no sea en el Perú y allí dentro en Santiago de Chuco, porque él expresa un mundo, una raza y una cultura. Es lo que es porque es síntesis de una amalgama de experiencias vividas y decantadas en la relación hombre, naturaleza y sociedad.


¿Quién pudo tener la visión histórica que él tuvo para postular la resurrección como un acto colectivo? Alguien que sustrajera de la tierra, del humos del cual estaba formado y del espíritu que le insuflara una noción tan primigenia; y la tallara, le diera forma y la hiciera epopeya, propuesto e inspirado por la guerra civil española que también era sangre suya al haber sido sus abuelos españoles natos.


Él hizo a propósito mendigo para hacer más auténtica su adhesión a los humildes y tener autoridad moral en todo lo que su verbo expresa, sea en su grandiosa poesía, sea en sus proposiciones fulgurantes de su concepción estética expuesta en «El arte y la revolución», sea en su prosa de tesis, sea en sus crónicas y artículos periodísticos.


En Vallejo se encarnan en un solo signo y ocupando el centro en su destino personal, el devenir histórico de los pueblos –del Perú y el mundo– que han luchado, siguen luchando y lucharán por siempre para instaurar formas sociales de justicia, fraternidad y solidaridad.

3. Yo me adhiero

De allí que el mensaje más valedero que podemos extraer de la vida de este paradigma de hombre cabal, a fin de inspirarnos e inspirar a la juventud con su ejemplo, es seguir una vida de autenticidad y coherencia en función del hombre, el país y el mundo.


Nos orienta en primer lugar a comprometernos con los problemas pendientes de solucionar en todo medio social, nos exalta a una adhesión total al hombre como una criatura gloriosa por su naturaleza real, casera y cotidiana; porque sufre y goza; porque es hijo, esposo, hermano o padre; porque es minero, agricultor o ferroviario; fe en la condición humana que lo embarga hasta llegar al heroísmo total.


Nos enseña el compromiso con quien vale la pena comprometerse: los pobres, los humildes, los desheredados; siendo la suya palabra de militante, de guerrero y soldado por la redención humana; no mirada o gesto de contemplación ni mucho menos de arrobamiento, sino de acción que invoca a adherirse urgentemente a la causa del hombre.


El ejemplo de vida y el verbo hecho poesía que nos ha dejado César Vallejo constituyen para nosotros la reserva moral más prístina e indestructible con la cual contamos como convicción, fortaleza y esperanza, ejemplo que permanecerá por siempre entre nosotros ocupando un lugar de preeminencia entre los fastos más gloriosos alcanzados hasta ahora por el espíritu humano.


Danilo Sánchez Lihón
Instituto del Libro y la Lectura del Perú


Fuente:
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/sanchez_lihon_danilo/vallejo_es_nuestra_reserva_moral.htm




La poesía humana de César Vallejo

Excelente artículo del poeta peruano Marco Martos ...


Semblanza

Transcurridas varias décadas después de la muerte de César Vallejo, (1892-1938),el dilatado prestigio de su nombre cubre por igual toda su producción literaria, que fue variada y múltiple. Vallejo escribió artículos periodísticos, relatos, obras de teatro y, de modo muy especial, libros de poesía. Fue esencialmente un poeta, uno de los más importantes de la lengua castellana de todos los tiempos.

Cuando César Vallejo empezó a escribir, estaba vigente en el Perú lo que se ha llamado la estética modernista a través de la reconocida obra de José Santos Chocano (1875-1934), José María Eguren (1874-1942) y Abraham Valdelomar (1888-1919),quienes desde distintas perspectivas y ópticas continuaban las vetas temáticas y formales del nicaragüense Rubén Darío (1867-1916). Como se ha dicho muchas veces, el modernismo, siendo un movimiento literario exclusivamente americano, recoge algo del temblor de los románticos, el empaque formal de los parnasianos franceses que querían escribir versos como quien cincela estatuas, y el acercamiento a la música de los simbolistas. Los modernistas peruanos tuvieron, cada cual, sus propias características. El más conocido de ellos, Chocano, se propuso ser el cantor de América; su verso sonoro y estridente, de sílabas siempre bien contadas, describió paisajes, personajes y acontecimientos de la historia del Perú, en una suerte de gran fresco literario.

En los años de la gestación de Los Heraldos Negros (1915-1918), el primer libro de poemas de César Vallejo, el poeta formó parte de un grupo literario y amical en Trujillo que se llamó "Los bohemios de Trujillo" y compartió amistad con José Eulogio Garrido y Antenor Orrego, ambos muy informados de la actualidad literaria de aquellos días. Fue gracias a estas relaciones que Vallejo pudo conocer la poesía de Julio Herrera y Reissig, modernista uruguayo (1875-1910), escritor metafórico con gran preferencia por los temas que cantan a la naturaleza.Este marco literario (el modernismo) y estos nombres (Darío, Chocano, Eguren,Valdelomar, Orrego, Garrido) signaron al primer Vallejo, pero él traía algo propio y peculiar: su lenguaje castizo, arcaizante y ternuroso, propio de las gentes de su provincia, Santiago de Chuco; una gran seguridad en su arte; el íntimo convencimiento de que la literatura en general, y la poesía en particular, son formas de tradición, pero al mismo tiempo de ruptura porque todo buen lector busca la continuidad, pero también la variación.En 1919 empezó a circular el primer libro de poesía de César Vallejo: Los Heraldos Negros. Las personas acostumbradas a la música de los modernistas, a la sílabas bien contadas, a la distribución armónica de los acentos, trataron con mucha familiaridad al texto que tenían entre manos. Vallejo se mostraba como un eximio versificador, como un gran lector de Darío, de los otros modernistas, en especial Herrera y Reissig, y, entre líneas, del padre de la poesía moderna, Baudelaire, al que admiró toda su vida. Sin embargo, Los Heraldos Negros tenía otras características que lo convertían en un libro único: la exhibición a ratos impúdica de los sentimientos, la muestra descarnada del sufrimiento, la radical desnudez de la palabra. El asedio al dolor en este poemario se hace por distintas vías: tanto a través de afirmaciones apodícticas, como aquella que se desarrolla en el primer poema del libro ("¡Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé...!") como por descarnadas expresiones de sufrimiento personal ante lo ineluctable del destino, o por continuos lamentos por la pérdida de la mujer amada. A todo esto añádase un sentimiento de culpa, de origen cristiano, frente a las apetencias de la carne y un enfrentamiento a Dios y a todos sus símbolos paternos, que se va desarrollando entre líneas en muchos de sus versos.

Pero tal vez la clave para todo este manojo inicial de sus poemas, que sigue teniendo validez para el conjunto de sus poesías, sea aquello que en filosofía se llama el principio de alteridad, la posibilidad de ponerse en el lugar del otro. El poeta concibe la vida como una sucesión de sufrimientos. La pasión amorosa sólo es un remanso en el camino dificultoso y está teñida de culpa. En el terreno estrictamente literario, una influencia sobre el primer Vallejo es Calderón de la Barca en su aseveración de que el mayor delito del hombre es haber nacido. Por eso el grueso de poemas de Los Heraldos Negros está emparedado por dos composiciones que le dan sentido: el primer poema ya aludido que aparece en todas las antologías, donde el hombre aparece inerme ante los golpes del destino y "Espergesia", el último del libro, donde se señala que el poeta nació un día que Dios estuvo enfermo, grave.

Entre 1919 y 1922 Vallejo tuvo una acelerada maduración literaria. En 1922 publicó Trilce, su segundo libro, que lleva como título un palabra inventada por él mismo cuyo significado nadie ha podido precisar. En ese libro el vate se enfrenta a un asunto mayor de la poesía de todos los tiempos: la necesidad de forzar la lengua heredada. Los lingüistas nos hablan siempre de una relación arbitraria pero obligatoria dentro de la lengua entre el significado y el significante. Esta afirmación no es compartida neCésariamente por los poetas o por algunos de ellos. Justamente la originalidad más radical en poesía está en forzar esta relación, en ponerla entre paréntesis, en violentarla. Un poeta experimental vuela los puentes de la tradición, de la retórica, del buen decir, desafía el buen sentido, no teme la muerte del lenguaje y crea uno nuevo, balbuceante, confuso lleno de retazos de significación. En lengua española sólo dos poetas han llevado hasta el extremo de la incomunicación o del silencio esta búsqueda, César Vallejo con Trilce (1922) y Vicente Huidobro con Altazor (1931).

En Trilce Vallejo tomó ciertas cuestiones formales de la vanguardia (la ausencia de títulos, el uso arbitrario de las mayúsculas, la utilización de números romanos para cada poema, la puntuación muchas veces arbitraria). No obstante, tiene otros elementos que le son propios y que por su intermedio se incorporan a la modernidad. No renuncia al yo romántico, si no que lo expresa de manera disociada. Así como la diccíón del poeta, su vida misma es fragmentada; los poemas expresan ese gran desorden y una voluntad secreta de orden, por cierto, lexicalmente los textos se internan en los meandros de (¿del?) idioma recurriendo a numerosos arcaísmos y neologismos, circunstancias que nos recuerdan que en condiciones de dificultad el migrante suele recurrir a su lenguaje más recóndito, más personal.

En líneas generales, un libro como Trilce pone en cuestión nuestras nociones sobre poesía, incluso las más arraigadas. Nos dejan un gran desconcierto. Solo percibimos una voz que nos habla en lo oscuro, que muchas veces nos deja en la ignorancia; nos quedamos sin saber en qué consiste ese gran sufrimiento sin embargo, no todos los poemas del libro son herméticos.

Vallejo casi no publicó poesías entre 1922 y 1938, año de su muerte. Él no preparó los originales de lo que después fue publicado con el título Poemas Humanos.

En general se considera que la mejor producción de Vallejo pertenece a este período. Estos poemas últimos de Vallejo exploran los sentimientos de los hombres en toda su intensidad. Vallejo empieza por auscultar el dolor dentro de sí. No es el poeta que contemplativamente habla de la pobreza, la miseria y el hambre.

La dificultad de vivir día a día está visceralmente expresada. Vallejo es al mismo tiempo poeta radical de la marginalidad y un poeta central del idioma. Él testimonia el dolor de quienes gastan toda su energía en vivir en las condiciones más ríspidas. Todos los poemas de la etapa final de Vallejo son antológicos. Vallejo parece un elegido por el destino. Recuperada la confianza en la lengua ya no necesita ser un poeta experimental. Vuelve a los ritmos conocidos que no se proponen poner ninguna mediación con el lector común y corriente.

Por Marco Martos

Fuente: http://www.educared.org.pe/estudiantes/literatura/vallejo1.htm

29 marzo 2008

Los heraldos negros - César Vallejo

Audio interpretado por Segundo Vara
boomp3.com


Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

César Vallejo



Los Heraldos Negros



Los Heraldos Negros



Los Heraldos Negros



Los Heraldos Negros



Los Heraldos Negros



Los Heraldos Negros




Los Heraldos Negros








José Carlos Mariategui, el gran ensayista peruano, escribió sobre este primer poemario del poeta universal, ver aquí.


La casa de César Vallejo

Su casa y Santiago de Chuco son los pilares fundamentales de la obra tan humana de César Vallejo. No es "un lugar desde donde se tiene que partir" como un periodista escribió al conocer el pueblo del gran vate peruano. No lo es porque él siempre trató de regresar al Perú, prueba de ello es que luego de su muerte, su viuda Georgette hizo un periplo desde Europa hacia Santiago de Chuco. ¿Por qué tendría que realizar semejante viaje si no fuese porque trataba de cumplir los deseos de esposo muerto?.... estoy seguro que el viaje no lo hizo sola, sino acompañada con los pasos, la mirada, el andar y respirar de Vallejo.

Toda mi familia, por parte de padre y madre, es de Santiago de Chuco. Mi padre, ahora con 80 años de edad a cuestas, vino a Lima a los 20 años, es decir, se encuentra en la capital 60 años. Y en todo este tiempo, desde que tengo uso de razón, no hay día que no hable de su pueblo, su gente, sus colores y olores. Cuando se junta la familia el tema es sólo Santiago, Calipuy, Aguiñuay, Quiruvilca... es increíble el apego a su pasado; a pesar del tiempo que estuvieron fuera, pueden recordar calle por calle, casa por casa donde vivía cada uno de los santiaguinos. Asimismo repiten de memoria el árbol genealógico de todos sus conocidos y sus innumerables anécdotas locales. Estas manifestaciones de querer a su terruño se observa en las fiestas patronales que se realizan año a año en el mes de julio. Llegan los santiaguinos de toda parte del Perú y el mundo con una sonrisa a flor de piel.

Vallejo, al igual que los demás santiaguinos, siente un gran desarraigo en las ciudades donde le toca habitar. El poeta sufría en Lima a la cual llamaba Bizancio, porque no se acostumbraba a su clima húmedo y sin lluvia. En Lima, Madrid, Moscú o París, Vallejo era uno más, un perfecto desconocido a quien nadie le importaba si estaba contento o triste, si comía o no, si trabajaba o no.... todo lo contrario sucedía en Santiago de Chuco, ahí tiene un nombre, César Vallejo, el hijo de Francisco de Paula Vallejo y María de Los Santos Mendoza, el shulca de once hermanos, vecino de tal y cual.... al salir todos lo reconocen, le saludan por su nombre "Hola César...".

Para los que quieran ahondar en el tema, les recomiendo leer "El sentimiento de hogar en César Vallejo" escrito por Danilo Sánchez Lihón, poeta y escritor nacido en Santiago de Chuco.

La casa de Vallejo (01 de 04)


La casa de Vallejo (02 de 04)


La casa de Vallejo (03 de 04)


La casa de Vallejo (04 de 04)







Los dados eternos - César Vallejo




Los dados eternos
Para Manuel Gonzales Prada, esta emoción bravía y selecta, una de las que, con más entusiasmo, me ha aplaudido el gran maestro.

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios míos, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.

César Vallejo



Audio de Los Dados Eternos interpretado por Segundo Vara

boomp3.com


23 marzo 2008

Biografía de César Vallejo escrita por su esposa Georgette de Vallejo


Decimosegundo hijo de la familia Vallejo Mendoza, César Abraham Vallejo, nace en marzo de 1892, en Santiago de Chuco (3,500 metros de altitud) más gran aldea que ciudad de la cordillera peruana.
Alumno remarcable, será brillante estudiante.

En 1910: Parte para Trujillo (4 días de viaje a caballo) y se inscribe en la Facultad de Filosofía y Letras.

En 1911: La idea de hacerse médico lo lleva a Lima, pero pronto renuncia a la carrera médica y vuelve a Trujillo. Poco después entra a trabajar en la hacienda "Roma" (producción azucarera) de la que "saldrá marcado". . . y es que si el joven Vallejo está favorecido por un tratamiento reservado sólo a los empleados superiores y con un salario satisfactorio no puede sin embargo, no ver ni oír cuando apenas clarece el alba, llegar los peones (cerca de 4,000) en el inmenso patio y ahí ponerse en fila para pasar lista, y salir para los campos de caña, donde se extenuarán hasta el sol poniente, con un puñado de arroz como alimento. No puede asimismo saber que todos no son más que pobres criaturas salvajemente capturadas por siniestros enganchadores, y cobardemente retenidas por vida con el alcohol que, dominicalmente y a sabiendas se les vende a crédito. Irremediablemente endeudado vuelto en pocas semanas, insolvente su deuda, cubriendo rápidamente un número de daños superior al que va a vivir el peón tendrá que garantizar su deuda con esto que sólo le queda: sus hijos, nacidos o por nacer. . . Se comprende que el recuerdo de la hacienda "Roma" haya sido durable en un ser que como Vallejo, le obsesionaba la injusticia social

En 1913: Renuncia a su empleo en la hacienda y nuevamente regresa a Trujillo. Con el año, que se abre, reanuda sus estudios (Letras y paralelamente estudios de Derecho) y consigue un puesto de profesor de colegio.
El primer éxito que consigue Vallejo con su tesis "El Romanticismo en la Poesía Española" es completo. Muy rápidamente es adoptado por los intelectuales y artistas quienes, muy numerosos, forman un grupo inquieto, turbulento y audaz, cuya bohemia no es en Vallejo sino un hábito, publica sus primeros versos de origen didáctico imponiéndose (él) poco por el dinamismo y los rasgos humorísticos de su fuerte personalidad intelectual y artística.

En 1917: Deja Trujillo por la capital dejando en esa un recuerdo profundo mezclado de un sentimiento de frustración. Un block de poemas compone todo su bagaje.

En 1918: Triste e incolora llegada a Lima.
Reacio a toda idea de economía, los algunos recursos traídos de Trujillo pronto se han agotado. Sin embargo, ya un tanto conocido en el medio intelectual entra en contacto con los periódicos y revistas que le publican uno que otro poema, consiguiendo, por otra parte y a tiempo, un puesto de director de colegio.
Con el proyecto de conseguir el doctorado de Letras y de Derecho, prosigue sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Pero ya ha llevado su primer poemario al impresor.
En el mes de agosto de ese mismo año, muere su madre, en Santiago de Chuco: poemas no a su madre, sino a "la" madre, una, universal.
Aun habiendo impreso su primer libro quedará estancado por largos meses, en la espera de un prólogo que Valdelomar, muy en vista en aquella época, le ha prometido.
Es finalmente que "Los Heraldos Negros" aparecerán no en 1918 como lo indica la edición sino en 1919 sin el prólogo tan esperado. Elogios entusiastas y primeros dardos.

1920: En agosto sale para Santiago de Chuco pasando por Huamachuco, pronunciando una conferencia que produce escándalo pero ahí llega sólo para verse mezclado en un sangriento conflicto local que degenera en incendio. En un impulso, bien característico de Vallejo se dirige en conciliador a los lugares del atentado.
Su sola presencia le denuncia en el concepto de las autoridades, tan parciales como incompetentes. Acusado por incendiario y disturbios políticos con 19 mas, está buscado y detenido el 6 de Noviembre. Será absuelto y liberado el 26 de Febrero siguiente (1921).

1922: En junio Vallejo participa en un concurso cayo premio gana con "Más allá de la vida y la muerte" que le permite hacer imprimir su segundo volumen de poemas "Trilce" entre cayos versos muchos han sido escritos en la carcel de Trajino y que aparecen cuando Chocano culmina según él mismo como el "Walt Whitman del Sur". . .
Un solo testimonio favorable: el prólogo de la más ferviente admiración de Antenor Orrego y un comentario: el de L.A Sánchez que expresa con asombro.... ¿Porqué Vallejo ha escrito "Trilce"? . ha lanzado un libro incomprensible y estrambótico.
Y vuelve a preguntarse: "Pero ¿ por qué habrá escrito "Trilce" Vallejo?, obra que será medio siglo mas tarde objeto de un insuperable estudio de 565 páginas, por el Dr. Neale-Silva: Chileno catedrático de la Universidad de Wisconsin.

En 1923: Aparecen "Fabla salvaje" y "Escalas melografiadas". En junio, Vallejo que proyecta su evasión desde 1920 y, sobre todo, desde la aparición de 'Trilce", se embarca para Europa, con una moneda de 500 soles, un águila de oro anudada en su pañuelo.
Ignorando el idioma, sin recursos ni relaciones y sin sombra de perspectivas, llega en julio a Paris, un viernes 13. Dos años va a pasar una vida de duras penurias hasta escapando con las justas de la muerte debida a una hemorragia consecutiva a una intervención quirúrgica.

En 1924: Muerte de su padre de la que se entera, en París, por los periódicos.
Un escultor de Costa Rica, Max Jiménez le deja su "atelier" de la calle Vercingétorix, aliviándole aunque muy relativamente, su apremiante situación económica.
Sus relaciones sin embargo se extienden. Viene a conocer al escultor José de Creft quien expone tres perfiles de Vallejo.
Conoce a Juan Gris estableciéndose entre ambos una grata amistad que cortará en 1927 la muerte prematura del gran pintor a la edad de 40 años y más tarde conoce al hijo de Jongkind y a Waldo Franck. Y al azar de los años y más o menos de paso, conocerá a Lipchitz, Unamuno, Dullin, Barrault, Tzara, Desnos, Portinari, entre otros (más entrevistas con personalidades como Gosset, Maiakovski, Reinhardt, Meyerhold, como lo indica su labor periodistica).

En 1925: En mayo se funda en Paris la empresa "Los grandes periódicos iberoamericanos", en la que consigue el puesto de secretario.
Poco después emprende una serie de artículos para las revistas "Variedades" y "Mundial" de Lima, colaboraciones que se proseguirán hasta 1930.
Por otra parte, obtiene por Pablo Abril de Vivero, una beca otorgada por el gobierno español (unas 300 pesetas mensuales) y en octubre viaja por primera vez a España.
Por asegurada que esté su situación material - aunque relativamente- Vallejo experimenta un estado persistente de inestabilidad y de descontento de si mismo cuya causa no reside en su temperamento en extremo angustiado y apenas diferenciable en realidad del estado de crisis permanente a grado variable. sino en alguna laguna personal de orden moral.
Vallejo quien como periodista tiene entrada a los teatros, conciertos, exposiciones y frecuenta por lo demás los cafés en boga exclama en el primer semestre de 1927: "Todo esto no es ni yo ni mi vida".

1927: Seria difícil admitir en que aquella época, Vallejo, quien va a tener 35 años, aún busca y se busca para sí solo. No.
En abril, renuncia a su empleo de secretario en "Los grandes periódicos..."
En setiembre, renuncia a su beca del gobierno español.
Vallejo medita, se interroga. ¿hacia dónde va? ¿Cuál es su contribución humana a la vida de los hombres? Inquietud definida; primeros síntomas de la profunda crisis que pronto le afectará gravemente (1927 - 1928). Crisis moral de la conciencia indubitablemente, ya que es a raíz de ella que Vallejo entrevé haber detectado la causa de su agudo malestar: el alejamiento y la ignorancia de los problemas que más atormentan a la humanidad avasallada y sufrida en la cual vive. No obstante, se resiste a ver en el marxismo la solución de tan numerosos males secularmente pretendidos insolubles e irremediables, aunque, por otra parte, sospecha y presiente que un sistema enteramente nuevo, y no por azar unánimemente rechazado por los explotadores y los prepotentes, ha de implicar necesaria e ineludiblemente algún mejoramiento por primera vez real, palpable, fundamental para las masas trabajadoras y frustradas. Primeros estudios de observación del marxismo.

1928: El año no se abre con gratas perspectivas; Vallejo mismo con una lucidez conforme a su ética ha destruído el mínimo de seguridad tan duramente conseguido.
Pronto muy seriamente enfermo tiene que retirarse a los alrededores de Paris para poder restablecerse, físicamente al menos. Transcurre el Verano. Más o menos repuesto en vísperas del otoño, y provisto de algunos conocimientos marxistas parte en octubre para la Unión Soviética. En noviembre está de vuelta en Paris.
A fines de diciembre, ruptura con el Aprismo del que había sido sólo simpatizante y crea en Paris la célula marxista peruana.
Julio 1923/24 - 1929 es la etapa artística de "Poemas en Prosa" "Contra el secreto profesional" y "Hacia reino de los Sciris", y es el período, aún apolítico, en que surge y se define con su primer viaje a la Unión Soviética (Oct.) la evolución ideológica revolucionaria de Vallejo.

1929-1930: Estudio profundizado del marxismo. Su ideología se cristaliza, trascendente, definitiva, afirmándose luego el militante, dentro del marxismo mas no dentro del comunismo.
Octubre de 1929; segundo viaje a la U.R.S.S. A su vuelta inicia "El arte y la revolución", "Moscú contra Moscú" (obra teatral), más tarde intitulada "Entre dos orillas corre el río". No escribe poemas...
En mayo de 1930 pasa un mes en España, donde concluye la segunda edición de "Trilce".
El 2 de diciembre, está declarado como "indeseable" y expulsado del territorio francés. El 30 de Diciembre de 1930, parte para España.

1931: Situación material difícil en extremo. Trabajo intensivo como nunca antes.
En el curso del año, asiste a la proclamación de la República (ni providencialmente ni solidario o entusiasta, contrariamente a lo que se ha asegurado) sino en perfecta indiferencia, no exenta de amargura, "Una revolución sin efusión de sangre -y la experiencia lo confirma- no es una revolución", afirma y mantiene Vallejo.
Pese a ello, se inscribe al Partido Marxista Español, enseña las primeras nociones del marxismo a estudiantes obreros simpatizantes. Para remediar la precariedad material que le apremia traduce tres obras de escritores franceses. Escribe y logra publicar "El tungsteno' novela proletaria emergida de la Hacienda "Roma"... "Rusia en 1931", el éxito editorial mayor después de "Sin novedad en el frente" de Erich Remarque, tres ediciones en cuatro meses.
Sobre pedido escribe "Paco Yunque", un cuento para niños que el editor rechaza por "demasiado triste"...
En octubre de ese mismo año de 1931, tercer y último viaje a la Unión Soviética, donde roza la muerte por segunda vez desde su llegada a Europa, a unos cinco metros de un grave accidente del trabajo. El 30 está de vuelta.
En grave situación material Vallejo, para resolver su problema económico, procura colocar "Moscú contra Moscú". Rechazado.
Presenta "El arte y la revolución". Rechazado.
Presenta otra pieza de teatro, "Lock out". Rechazado.
Propone "Rusia contra el segundo plan quinquenal". Rechazado. Apenas emprendido y pese al reciente e innegable éxito de "Rusia en 1931". Pese a la calurosa ayuda de Garcia Lorca que le acompaña en todas sus gestiones, todas las tentativas fracasarán por la violencia e ideología de sus obras. Vallejo que había esperado mucho de su teatro, queda desconcertado. Decide su regreso a Francia y dejó España el 11 de Febrero de 1932.

1932. Tercera y última etapa en la trayectoria literaria de Vallejo. Etapa de "Poemas Humanos", "Colacho hermanos", "España aparta de mi este cáliz" y "La piedra cansada"
"Poemas humanos" han nacido en la inmensa y lejana Unión Soviética con unas estrofas que escribe en el curso de su tercer viaje. Y se proseguirán algunos meses después con su llegada a Paris en febrero de 1932 hasta el 21 de noviembre de 1937.
Paralelamente, en ningún momento se desvincula de los acontecimientos sociopolíticos. Aunque sólo "tolerado en territorio francés donde regresó clandestinamente asiste a una de las más peligrosas manifestaciones de aquella época contra "Las cruces de fuego" (partido de ultra derecha) con el riesgo de una nueva expulsión, irremediable ya ésta, ya que no podría regresar o de su muerte por las balas fascistas en la Plaza de la Concordia.
Mas el tiempo transcurre y sus poemas se acumulan en el cajón, donde desde 1928, yacen "Poemas en Prosa".
"A qué escribir poemas", exclama un día Vallejo, "¿Para qué y para quién? ¿Para el cajón?". . . Y leeremos después de su muerte. "Y, ya no puedo más con tanto cajón. . . "

A principios de 1935 se decide sin embargo a proponer una selección de sus versos a un editor de Madrid quien aceptará la propuesta. Por extraña adversidad no le llegará la respuesta afirmativa a Vallejo -quien no insistía jamás- hasta que estuvo declarada la guerra civil en España.

En 1936 Vallejo se resuelve políticamente a un "reposo forzado" diremos debido a la intransigencia que él opone a lo que llama "las medias tintas". Entre otras divergencias no podrá admitir un "frente popular". Pero la guerra civil surge en España (Julio 36) y ante la magnitud del acontecimiento, Vallejo depone toda discrepancia, colaborando de inmediato en la creación de "Comités de Defensa", meetings, colectas de fondo, emprende una serie de artículos en los que denuncia lo inicuo de la no-interuención, sólo provechosa al fascismo no tanto franquista que internacional. Mas el desarrollo en los acontecimientos aumentan su inquietud, y parte para Barcelona y Madrid en diciembre. El 31 está de regreso en Paris. Sus presentimientos no le han engañado y la angustia lo aparta de su obra poética. Llevado sin duda y a pesar suyo por una esperanza irreductibie, prosigue sin embargo sus artículos contra el fascismo. Observa cómo la red de la pretendida no-intervención se cierra sobre el pueblo asesinado.
El 2 de Julio, en un congreso internacional de escritores antifascistas parte nuevamente para España. Vallejo es nombrado delegado del Perú. Regresó el 12 del mismo mes.
Durante el mes de Setiembre bruscamente surge de Vallejo el monólogo de meses interminables, en unos 80 días escribe 25 poemas, los últimos de "Poemas Humanos" es a la misma España que dirige su plegaria y el exceso de su desesperación, "España, aparta de mi este cáliz".
Durante Diciembre escribe "La piedra cansada".
El 31, al abrirse 1938, en Vallejo se ha quebrado extrañamente el poeta y el escritor.

1938: El domingo 13 de marzo, se tiende después del almuerzo para reposar un instante. Al día siguiente tiene fiebre. . . carece totalmente de apetito. . . amigos médicos compatriotas suyos le visitan recetándole una que otra pastilla sin tratarlo propiamente -Vallejo está mucho más grave de lo que ellos creen-.
Paternal, pero despreocupado, Arias Schreiber, entre otros, exclama: ¡Nunca se hubiera visto morir a un hombre que sólo está cansado!
Alertado por el Dr. Porras, por entonces delegado a S.D.N. la legación peruana en Paris decide el traslado de Vallejo a una clínica. Durante dos días Vallejo rechaza este traslado: "Si ésto me compromete". El 24 de Marzo sin embargo, acepta por fin esta angustiosa pero imprescindible solución, y el médico Lejard, médico del ministro Calderón queda designado como único médico ejecutivo de Vallejo, quien tampoco atribuye mayor gravedad al estado de su paciente, quien por suprema desgracia "le cae mal"....
Tendido en su último lecho, no habrá quien se sienta suficientemente garantizado por la genialidad de Vallejo, la que nacera postumamente, como para arriesgar unos 2 o 3 mil francos (de los antiguos ) para salvarle la vida.
Después de una dura agonía muere Vallejo el viernes santo, 15 de abril de 1938, a las 9 y 20 de la mañana.
Sólo mas tarde se sabrá que Vallejo sucumbió a un muy viejo paludismo reaparecido despues de 20 o 25 años, a consecuencia de un estado general debilitado.

Georgette de Vallejo

Fuente: http://www.geocities.com/cesar_vallejo_2000/biogr.htm