20 abril 2008

Vallejo era inocente

La carta que pudo salvar al poeta. Misiva inédita fue presentada en festival de poesía en Trujillo. Revela que revuelta por la que fue acusado injustamente el poeta fue en realidad de la soldadesca y no por motivos políticos.

Pedro Escribano, desde Trujillo.

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Es una carta inédita que bien pudo servir para absolverlo de los cargos de incendiario con los que se abrió proceso judicial a César Vallejo en Santiago de Chuco, en agosto de 1920. Como se recuerda, el 1 de agosto de ese año una turba quemó la casa comercial de Santa María y a consecuencia de la asonada murió de un balazo en el cráneo, disparado por un soldado, Antonio Ciudad. El autor de Los heraldos negros fue involucrado y acusado en el proceso judicial, por el que se convirtió en un perseguido de la justicia peruana y no tuvo otra opción, seguro de su inocencia, que migrar a París, Francia, en 1923.

La referida carta fue presentada y comentada por el crítico e investigador literario Blasco Bazán Vera en el marco del I Festival Internacional de Poesía César Vallejo. El tenor de la correspondencia da cuenta de que los soldados habían recibido órdenes para disparar. Asimismo, refiere que estos soldados fueron fusilados para que luego –orden que no se cumplió– fueran quemados. En sus camisas, según el remitente, se hallaron papeles con nombres de los que ellos debían liquidar.

La misiva, además de revelar pormenores de los luctuosos hechos del 1 de agosto del 1920, está fechada el 4 de julio (*) de ese año en Santiago de Chuco, firmada por un tal Joaquín y está dirigida al señor Rubén Haro, primo del remitente. Sin duda, se trata de un documento capital que servirá para esclarecer, 88 años después, cómo ocurrieron los hechos y cuánta injusticia se cometió con César Vallejo. El poeta fue llevado preso a Trujillo –estuvo encarcelado ciento doce días– y de esa experiencia después escribiría en un poema que allí había pasado "el momento más grave" de su vida. Además de narrar los hechos, la correspondencia cita nombres de personas sin señalar los apellidos, o alude sin referir los nombres, pero Bazán Vera se ha dado el trabajo de investigar y concluir fehacientemente de quiénes se trata. Más adelante daremos cuenta de la investigación realizada por el citado crítico literario.

LAS REVELACIONES

Archivo
Reivindicado. Ochenta y ocho años después, una carta (abajo copia del facsímil) comprueba la inocencia de Vallejo. (Foto: Archivo)

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Para entender y situarnos mejor ante este documento, transcribiremos la carta de manera literal.

Santiago de Chuco, julio(*) 4 de 1920

Señor Rubén Haro Chanchacap

Estimado primo.

Grata satisfacción siento al dirigirte la presente para hacerte presente mis afectuosos saludos lo mismo que a toda la familia, yo, lo mismo que Francisco y demás quedamos regular, solo un poco conmovidos por lo que te voy a manifestar.

El domingo como a las tres de la tarde y con un plan premeditado, se levantó la fuerza contra el subprefecto Meza queriendo victimarlo, pero, felizmente, dada la pronta intervención de sus amigos, pudo salvarse, muriendo don Antonio Ciudad horrorosamente por un soldado que le destapó el cráneo.

El subprefecto ordenó el fusilamiento de los soldados asesinos y culpables, orden que cumplieron estrictamente dando muerte a tres soldados. Los amigos del que fue señor Ciudad, indignados por su muerte, no se contentaron con la muerte de los soldados sino que siguieron a los que los habían comprado −como así declaró un soldado en momentos de morir− rompieron el telégrafo y teléfono y daba miedo al ver por la calle a una multitud de gente armada pidiendo la cabeza de Bringas y de varios.

Por la noche incendiaron la casa comercial de Santa María quemándose todo lo que existía en ella así como también el techo de la tienda de Pablo Sánchez, pero nada de mercadería, te aseguro que esta será la página más negra que registrará la historia de este maldito pueblo. La muerte estaba para Meza y si moría él, hubiesen habido lo menos doce o quince muertos porque así han encontrado documentos en los bolsillos de los soldados muertos. Hasta hoy se ha dado sepultura a los restos del señor Ciudad. El subprefecto ordenó quemar los cadáveres de los soldados, pero ya no lo hicieron y los sepultaron uno encima de otro.

Se dice que vendrá gente del hospital y varias partes a atacar e incendiar la casa de Moreno y quizá así lo hagan. La provincia está muy movida y triste, por lo mismo están excitados. Si atacan a Moreno habrá tantos muertos.

Dispensa que a esto nomás me limite ya te daré nuevas noticias próximamente según lo que en adelante ocurra.

Con saludos para todos se despide tu primo.

Joaquín (firma).

NOMBRES Y DETALLES

Según investigación de Bazán Vera, el remitente, el tal "Joaquín" no es otra persona que Joaquín Carranza Zavaleta, quien remite la carta a su primo Rubén Haro, quien residía en el caserío de Chanchacap, ubicado en la provincia de Otuzco. El nombre completo del destinatario es Rubén Haro Zavaleta.

El investigador también esclarece el nombre de "Francisco", citado en la carta. Se trata de Francisco Haro Zavaleta, hermano de padre y madre de Rubén Haro Zavaleta. Era un distinguido profesor graduado en el Centro Pedagógico de Lima. Era el único profesor titulado que trabajaba en Santiago de Chuco y pensionaba en la casa de su primo Joaquín Carranza Zavaleta.

"Francisco Haro –afirma Bazán Vera– aparte de la acentuada ascendencia que gozaba entre los alumnos, pobladores y autoridades de Santiago de Chuco, se vio pronto directamente envuelto en las muertes de Antonio Ciudad, de los soldados y en el incendio de la casa de Carlos Santa María Aranda, quien era un personaje de primacía económica y política de ese entonces".

Bazán Vera, que no ha dejado cabos sueltos, señala que el Auto que abre la Instrucción en que el doctor José Martínez Céspedes ordena ejecutar la correspondiente instrucción penal contra todos los responsables de los hechos del 1º de agosto de 1920, como se recoge en el libro Proceso a Vallejo, escrito por Germán Patrón Candela, fundador del Instituto de Estudios Vallejianos, que el 5 de agosto se presentó Francisco Haro Zavaleta a dar su instructiva y en la que declaró lo siguiente:

"…al sublevarse la tropa contra el subprefecto, y que efectivamente vio pasar a este (el subprefecto) junto con el doctor César Vallejo y otras personas que se dirigían al cuartel: que el doctor César Vallejo dijo: 'Cálmense que ya les van a pagar', mientras otros gendarmes armados hablaban con el subprefecto; que el alférez Dubois, ordenó cuatro pasos a retaguardia y 'fuego', y que la descarga le voló el sombrero al señor Ciudad cayendo herido en la acera".

No queremos terminar sin decir cómo así Blasco Bazán Vera obtuvo este valioso hallazgo. Según el investigador, esta carta le fue entregada a su persona por el profesor Manuel Álvarez Haro, nieto de don Rubén Haro Zavaleta. Cuenta que se la entregó no sin confesarle que su hermana Alicia Álvarez Haro tenía por costumbre quemar toda clase de papeles viejos de su casa y que "menos mal no quemó esta carta". Un verdadero milagro.

Así, el tenor de la carta no solo complementa algunos hechos de Santiago de Chuco de 1920, de los cuales se tiene conocimiento, sino también hecha nuevas luces para creer en la total inocencia de nuestro poeta.

(*) Blasco Bazán Vera afirma que se trata de un error involuntario del remitente.

REACCIONES

Jorge Díaz Herrera
Escritor

"La carta revela que la sublevación fue de la soldadesca por falta de pago. César Vallejo era inocente".

Arturo Corcuera
Poeta

"La carta es totalmente esclarecedora. Sin duda queda probada la inocencia de nuestro Vallejo".

Justo Jorge Padrón
Poeta español

"Antes de esta carta, yo sabía que Vallejo era inocente. Un hombre como Vallejo no puede ser inmoral".

Luis La Hoz
Poeta

"La carta no me interesa mucho porque, ya sabemos... es un ejemplo de lo que siempre fue nuestro Poder Judicial".

Reynaldo Lacámara
Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile

"Aporta pruebas definitorias sobre el juicio antojadizo a Vallejo, a quien le buscaron las cinco patas al gato".

EL MOMENTO MÁS GRAVE DE LA VIDA

Un hombre dijo:

-El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne, cuando fui herido en el pecho.

Otro hombre dijo:

-El momento más grave de mi vida ocurrió en un maremoto de Yokohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas.

Y otro hombre dijo:

-El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día.

Y otro dijo:

-El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad.

Y otro dijo:

-El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú.

Y otro dijo:

-El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre.

Y el último hombre dijo:

-El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía.


Fuente: http://www.larepublica.com.pe/content/view/215621/

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